El largo camino hacia el éxito

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El camino hacia el éxito no son sólo los cincuenta metros de largo de una piscina olímpica, sino las decenas de miles de veces que se han cruzado anteriormente. Pero la conclusión a la que llegamos muchos de nosotros, es que para conseguir ser como Michael Phelps, sólo habría que cruzar esa distancia más rápidamente, obviando todo lo que hay detrás, que se puede resumir con esta frase del campeón de la natación: «no recuerdo cuál fue el último día que no entrené».

puente-blanco-negroSi te pregunto qué tiempo hará mañana, probablemente acudas a internet en busca de una respuesta inmediata que resuelva la duda, que elimine ese desconocimiento. Si necesitas saber qué trayecto hacer para ir a una nueva ciudad, una vez más, las herramientas que hay en internet resolverán tus dudas. Estamos viviendo una era que nos brinda cientos de oportunidades, pero también nos hace vivir acelerados, nos hace creer que el tiempo se evapora con más rapidez, nos exige a vivir en la inmediatez. Esa prisa, esa celeridad, la aplicamos en otras áreas de nuestra vida; como en el amor, en el trabajo, en la salud… o en el éxito. Son tantas las películas y las historias que conocemos en las que alguien consigue el ansiado éxito en un abrir y cerrar de ojos que hemos olvidado la realidad detrás de este camino: el camino hacia el éxito es largo, es lento, es intenso, es hermoso.
Hemos dejado de mirar hacia las nubes en busca de la predicción meteorológica, hemos decidido seguir carreteras leyendo carteles sin la oportunidad de perdernos por nuevos y menos concurridos parajes. Estamos tan ensimismados tratando de buscar la respuesta que olvidamos que lo más importante es la pregunta. Dale a alguien la respuesta a una duda y sólo le estarás ofreciendo información. Permite que la busque por sí mismo, que se pierda en ella, que desista de buscarla y vuelva con más fuerza, con rabia, con el orgullo herido. Deja que viaje, que busque su verdad y que… quizá, nunca halle la respuesta. Pues son las preguntas sin respuesta las que más nos enseñan, ya que son las que más tiempo nos dejan en el camino. Y es el camino nuestro maestro, quien nos instruye, quien nos desarrolla. El destino te enseña algo, el camino todo. Pero el camino hacia el éxito ha sido prostituido miles de veces por películas y noticias de casos de éxito aislados en los que, o deforman la realidad haciendo creer que el éxito nació en un abrir y cerrar de ojos, o que realmente nos encontramos ante ese caso de éxito de uno entre un millón. Ese unicornio, esa rara especie que está en las mentes de todos, pero que nadie puede atrapar. No es así como funciona el éxito. El éxito no es un unicornio, es un formidable caballo. El éxito es ese caballo ganador de melena reluciente, una grupa musculosa y unas patas fuertes e intimidatorias. El éxito es ese ejemplar que para llegar a ser lo que es, ha crecido, ha sido bien alimentado, adiestrado y entrenado, y todo ello no se consigue de la noche a la mañana. Todo ello ha requerido un largo tiempo, una preparación a medida, un plan de consecución y la ambición y motivación para lograrlo.

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Vivimos en la era de la inmediatez, donde cada acción debe desempeñar un resultado conciso, o nos cansaremos rápido. Nadie lee artículos titulados «consigue unos abdominales perfectos en un año de trabajo y comida saludable», no. La gente busca «cómo tener abdominales en tres semanas». Todos quieren oler a éxito, pero nadie quiere sudar primero. Es ante la falta de resultados cuando la gran mayoría abandona, cuando dejan de creer en ellos mismos. Ya no existe la paciencia, sólo la inmediatez. Y así, no se puede llegar lejos.
La sociedad parece abocada a una sensación de tiempo insuficiente, de ir corriendo hacia todos los lados sin llegar nunca a avanzar lo suficiente por el camino que ha de llevarlo a cumplir sus propósitos. Parecemos estar sumidos en un frenético vaivén que nos hipnotiza e idiotiza. Eso se ve gráficamente en la carretera:
Yo soy de esas personas que disfruta de la conducción, de los que va a una velocidad cercana a la recomendada a las señales de tráfico, pero que para gran parte del resto de mortales, es ir lento. Y es que me gusta disfrutar de los caminos que transito, ir sin prisas, pensar mientras conduzco, mirar señales, carteles, calles, publicidad y, sobre todo, ver el comportamiento de aquellos que están totalmente sumergidos en esa debacle acelerada que llamamos mundo moderno, donde no hay tiempo para la pausa, donde no hay momento para la reflexión. Observo a todos esos pilotos agresivos y enfadados, con tanta impaciencia por disfrutar el después que se olvidan de gozar del ahora. Y así no se puede vivir. Sin reflexión no hay preguntas, sin preguntas no hay camino, sin camino no hay desarrollo personal, y sin ello, no hay éxito posible.

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¿Quieres tener éxito? Comienza a alejarte del bullicio de la multitud para poder conocer quién eres realmente. Sólo cuando todos los caminos están intransitados, podrás decidir libremente cuál es el camino que puedes tomar. Para tener éxito debes dejar de seguir los pasos de la multitud y marcar los tuyos propios. Distánciate para ganar una mejor perspectiva de tu vida.
¿Quieres ser la mejor versión de ti mismo? Reflexiona en busca de nuevas preguntas sobre ti, qué anhelas, qué te mueve, cuáles son tus ambiciones. Las preguntas son el primer paso, pero si no das más pasos en busca de las respuestas no te moverás del sitio. Atrévete a coger el camino en el que te hallarás a ti mismo. Elimina el miedo.
¿Quieres saber cuáles son las preguntas que más te dirán sobre ti? Eso no te lo puedo decir, pero sí te diré una cosa: abre los ojos y observa, no basta con mirar. Medita, pregúntate porqué, investiga, sé escéptico, no aceptes cualquier verdad porque siempre haya sido así. Aceptar una verdad sin preguntarse nada al respecto es obedecer ciegamente. Y alguien que sólo obedece no puede crear. Y si estás leyendo esto es porque quieres crear tu propio camino, si estás disfrutando de estas líneas es porque estás cansado de ser uno más. Porque quieres demostrarte a ti mismo de lo que eres capaz. Porque sabes que puedes dar mucho más de lo que estás dando.

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Camina, hazte preguntas, busca respuestas, revuelve tu interior en busca de lo que amas, en busca de lo que te llena. Atrévete a ir siempre un paso más lejos, sin miedo. Tú y tu objetivo estáis separados por el miedo, pero a cada paso que das, él recula, y cuando te das cuenta, ya no está. El camino hacia el éxito es largo, pero no es tan sacrificado como nos quieren hacer creer, puesto que cada uno de los pasos que se da nos enseña algo. Cada pisada te hace crecer, por eso a los que han conseguido el éxito los ven como gigantes.
Habrá momentos difíciles en los que dudarás de lo que estás haciendo, en los que nadie creerá en ti, pero será entonces el momento de demostrar que tú sí crees y que nada puede pararte, porque estás convencido de que lo puedes lograr. Deja que sea tu ambición la que hable por ti. No tengas miedo de soñar en grande, no te conformes. Conformarse es el verbo favorito de los mediocres.
Reafirma cada uno de tus pasos con disciplina, constancia y optimismo. Habla contigo mismo y reflexiona hacia dónde ir, piensa sobre quién quieres ser. ¿Viviendo en la época que más oportunidades hay de ser quien quieres ser vas a conformarte con ser lo que puedas? No. No quieres conformarte, no quieres ser uno más. De pequeño no soñabas con tener un trabajo mediocre, con una casa mediocre, rodeado de personas mediocres y viviendo una vida mediocre. Soñaste que querías ser alguien, pero parece que con el tiempo se te olvidó. Busca de nuevo dentro de ti, desempolva tus recuerdos y pregúntate: «¿Qué día fue el que renuncié a vivir una vida extraordinaria?» 

Crea tu estilo de vida. Redefiniendo los conceptos tiempo, esfuerzo y dinero para mejorar tu felicidad.

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Este es el estilo de vida que diseñaron para nosotros y que, ciegamente, tratamos de alcanzar sin preguntarnos si es lo que queremos o si está bien confeccionado:

«Estudia. Trabaja. Financia un coche. Encuentra algo de lo tuyo. Busca una pareja. Consigue una hipoteca. Ten hijos. Mantén el trabajo hasta los 65. Jubílate. Disfruta la vida.»

Nos limitamos a avanzar por una carretera llena de señales que alguien colocó para guiarnos y evitar que nos entre el pánico de tener que decidir por nosotros mismos qué camino tomar, y así el miedo que conlleva la libertad, aunque también perdemos la opción de descubrir nuevos lugares y oportunidades.

¿Alguna vez te has planteado si no habrá otra manera de llegar? Es más, ¿alguna vez te has planteado adónde quieres llegar? Si no sabes dónde vas, da igual el camino que escojas. 

Mientras crecemos y nos formamos somos adoctrinados por parte de nuestros padres, profesores, compañeros, jefes…, bajo el yugo de esta premisa que busca la felicidad a largo plazo. Nos enseñan a vivir bajo el esperanzador mensaje de que si sigues todos los pasos obedientemente, algún día serás feliz. ¿Pero han conocido ellos un camino diferente o se han conformado con el que venía escrito? No es fácil replantearse los cimientos que sustentan tu vida y, a decir verdad, yo seguía ese dogma y completé los cinco primeros pasos. Fue entonces cuando me di cuenta de que esta ruta no me llevaba a la felicidad, sino a una vida cómoda y fácil. Y me cansé, entendí que ese estilo de vida no estaba hecho para mí. La ausencia de desafíos me aburre, algo completamente normal: cuerpo y cerebro están cableados para superar desafíos e incomodidades. El frío propició el descubrimiento del fuego, la inseguridad erigió los cimientos de los edificios donde protegernos y la injusticia tejió las leyes y la sociedad. La incertidumbre, el miedo y el estrés avivan el instinto de supervivencia y eso nos ha permitido mejorar, prosperar y evolucionar.

«Este mundo no existiría sin incomodidad»

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En algún momento se nos olvidó que la incomodidad es el progreso. Detente un momento y piensa en cómo te sientes después de una sesión extraordinaria de ejercicio y después de una sesión normal. ¿Y un mes esforzándote en aprender algo que te era totalmente desconocido? Exacto. Cada acción que supera la frontera de la normalidad y entra en el terreno de la incomodidad se traduce en crecimiento personal. ¿Y qué efectos tiene esto? La incomodidad moldea tu cuerpo, expande tu mente. Te otorga confianza, seguridad, motivación, amor propio y, en definitiva, te hace crecer, te hace sentir que eres alguien diferente de aquel que un mes atrás no se atrevía a salir de su zona de confort. Esto se puede aplicar a cualquier aspecto de tu vida; en cuanto sales de la normalidad y vas más allá comienzan los cambios, tanto externos como internos. Porque la vida no está hecha para ir a medio gas, la magia aparece en los extremos.

Pero claro, cambiar de estilo de vida requiere esfuerzo. Es más cómodo ponerse excusas e inventarse causas para seguir viviendo en modo piloto automático, dejándose mecer por el seductor aire de lo conocido, avanzando días en el calendario de tu vida con la ley del mínimo esfuerzo instaurada impidiendo que las cosas cambien. Te empeñas en vivir bajo la sombra de la monotonía y te atreves a preguntarte: ¿por qué mi vida no avanza?, ¿por qué los años pasan y todo sigue igual? Porque no das ningún paso, te refugias en la zona de confort y te quedas estancado. El primer paso es el más difícil, pero también el más importante. Puede que ese primer paso no te lleve donde quieras, pero te saca de dónde estás.

Hace poco más de un año que decidí crear mi propio estilo de vida, y ahora me pregunto: ¿cómo no lo hice antes? Era como si hubiera estado avanzando por un sendero que otro había construido para mí. Me hicieron creer que lo importante era el dinero, ¡pero lo importante es el tiempo! El tiempo es irrecuperable, y yo he dedicado el mío a otros a cambio de veintidós días de vacaciones y una paga al finalizar cada mes. El dinero se puede conseguir de muchas maneras, sólo necesitas esfuerzo e imaginación, ¿pero tiempo? ¡Ay! Cada minuto que pasa se evapora para siempre. Cambiamos nuestro tiempo por dinero, es lógico, ¿pero vale la pena dedicar tanto por tan poco? ¿Cuánto vale tu vida? Somos nosotros quienes debemos decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado. 

«Yo sí me esfuerzo, trabajo muy duro todos los días»

rutina Hacer a la perfección algo irrelevante no lo convierte en importante del mismo modo que dedicar tiempo a cosas inútiles no las convierte en útiles.

Hemos crecido con la idea de que el trabajo se mide por sacrificio personal en lugar de productividad profesional. Si puedes hacer en cinco horas lo que debes hacer en ocho no serás recompensado, te verás obligado a trabajar tres horas más. Ante este panorama, disminuimos nuestra productividad y creamos un vínculo esfuerzo-recompensa que nuestro cerebro lo interpreta de la siguiente manera: «No importa si hago mucho o poco, el resultado es el mismo». Interiorizamos este mensaje y creemos que la productividad es la máxima recompensa por el mínimo esfuerzo. Otra vez volvemos a caer en el engaño de que el dinero es más importante que el tiempo. La productividad es la mínima inversión de tiempo por máximo beneficio. Menor tiempo no conlleva menor esfuerzo, sino todo lo contrario.

Nos enseñan a no ser productivos y nos premian por ello. Instauramos este sistema de mínimo esfuerzo por máximo beneficio en nuestra vida y, claro, el tiempo pasa y comenzamos a ver que algo no funciona. Queremos un cambio en nuestra vida, queremos prosperar y ser más felices y, ¿qué hacemos? Nos esforzamos más. Error. Aumentamos el esfuerzo en una fórmula incorrecta. Nos esforzamos más y más para así tener más dinero y con ello más felicidad, pero es entonces cuando vemos que nuestro tiempo libre disminuye. Hay que enfocar y maximizar el esfuerzo en busca del resultado correcto: disminuir el tiempo invertido.

«No puedo cambiar mi estilo de vida, necesito dinero»

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¿Tan difícil es de conseguir para que lo valoremos tanto? No. Sólo que queremos conseguirlo sin que tenga incidencia en nuestro estilo de vida, sin abandonar nuestra comodidad, sin aventurarnos en probar nuevas formas; adictos a la fórmula del mínimo esfuerzo y sin ver más allá del modelo que nos han implantado. Si no construyes tu propio camino, sólo seguirás el de alguien. ¿Cuándo fue la última vez que te interesaste en aprender algo nuevo, sea un oficio, un deporte o una nueva temática?

Queremos más haciendo menos. Queremos conseguir el cuerpo deseado, pero no queremos sufrir agujetas por ello. Deseamos poder viajar cuando nos plazca, pero no comenzamos ni a pensar cómo podemos conseguirlo. Así no se puede. Cuando entiendas que la felicidad no está en una vida sin esfuerzo, comenzarás a ver cómo aumenta. Si no sabes cuánto tiempo o dinero necesitas, ¿cómo vas a conseguirlo? Aumenta el esfuerzo para disminuir el tiempo invertido y verás como tu felicidad y tu dinero crecen. Porque dinero sin tiempo suele traducirse en la adquisición de objetos con la esperanza de aumentar nuestra felicidad, pero lo que realmente aumentamos es nuestra comodidad. Vamos agregando comodidad a nuestra vida a través de objetos y productos hasta que llega el momento que, tenemos tantos y creemos que son tan importantes, que se convierten en nuestra cárcel. Como dijo Séneca:

«Pobre de esa clase, aparentemente rica, aunque en realidad la más terriblemente empobrecida de todas, que ha acumulado escoria, pero no sabe cómo usarla, ni cómo deshacerse de ella, por lo que ha forjado sus propios grilletes de oro y plata».

Basamos nuestro estilo de vida en busca del confort, pero es esa comodidad la que nos está matando. ¿Por qué entonces continuamos haciéndolo? Porque obedecer es más fácil que pensar. Porque la libertad da miedo. Porque la libertad conlleva responsabilidad y sólo alguien totalmente responsable de sus actos es libre.