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Crea tu estilo de vida. Redefiniendo los conceptos tiempo, esfuerzo y dinero para mejorar tu felicidad.

"crea tu estilo de vida"

Este es el estilo de vida que diseñaron para nosotros y que, ciegamente, tratamos de alcanzar sin preguntarnos si es lo que queremos o si está bien confeccionado:

«Estudia. Trabaja. Financia un coche. Encuentra algo de lo tuyo. Busca una pareja. Consigue una hipoteca. Ten hijos. Mantén el trabajo hasta los 65. Jubílate. Disfruta la vida.»

Nos limitamos a avanzar por una carretera llena de señales que alguien colocó para guiarnos y evitar que nos entre el pánico de tener que decidir por nosotros mismos qué camino tomar, y así el miedo que conlleva la libertad, aunque también perdemos la opción de descubrir nuevos lugares y oportunidades.

¿Alguna vez te has planteado si no habrá otra manera de llegar? Es más, ¿alguna vez te has planteado adónde quieres llegar? Si no sabes dónde vas, da igual el camino que escojas. 

Mientras crecemos y nos formamos somos adoctrinados por parte de nuestros padres, profesores, compañeros, jefes…, bajo el yugo de esta premisa que busca la felicidad a largo plazo. Nos enseñan a vivir bajo el esperanzador mensaje de que si sigues todos los pasos obedientemente, algún día serás feliz. ¿Pero han conocido ellos un camino diferente o se han conformado con el que venía escrito? No es fácil replantearse los cimientos que sustentan tu vida y, a decir verdad, yo seguía ese dogma y completé los cinco primeros pasos. Fue entonces cuando me di cuenta de que esta ruta no me llevaba a la felicidad, sino a una vida cómoda y fácil. Y me cansé, entendí que ese estilo de vida no estaba hecho para mí. La ausencia de desafíos me aburre, algo completamente normal: cuerpo y cerebro están cableados para superar desafíos e incomodidades. El frío propició el descubrimiento del fuego, la inseguridad erigió los cimientos de los edificios donde protegernos y la injusticia tejió las leyes y la sociedad. La incertidumbre, el miedo y el estrés avivan el instinto de supervivencia y eso nos ha permitido mejorar, prosperar y evolucionar.

«Este mundo no existiría sin incomodidad»

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En algún momento se nos olvidó que la incomodidad es el progreso. Detente un momento y piensa en cómo te sientes después de una sesión extraordinaria de ejercicio y después de una sesión normal. ¿Y un mes esforzándote en aprender algo que te era totalmente desconocido? Exacto. Cada acción que supera la frontera de la normalidad y entra en el terreno de la incomodidad se traduce en crecimiento personal. ¿Y qué efectos tiene esto? La incomodidad moldea tu cuerpo, expande tu mente. Te otorga confianza, seguridad, motivación, amor propio y, en definitiva, te hace crecer, te hace sentir que eres alguien diferente de aquel que un mes atrás no se atrevía a salir de su zona de confort. Esto se puede aplicar a cualquier aspecto de tu vida; en cuanto sales de la normalidad y vas más allá comienzan los cambios, tanto externos como internos. Porque la vida no está hecha para ir a medio gas, la magia aparece en los extremos.

Pero claro, cambiar de estilo de vida requiere esfuerzo. Es más cómodo ponerse excusas e inventarse causas para seguir viviendo en modo piloto automático, dejándose mecer por el seductor aire de lo conocido, avanzando días en el calendario de tu vida con la ley del mínimo esfuerzo instaurada impidiendo que las cosas cambien. Te empeñas en vivir bajo la sombra de la monotonía y te atreves a preguntarte: ¿por qué mi vida no avanza?, ¿por qué los años pasan y todo sigue igual? Porque no das ningún paso, te refugias en la zona de confort y te quedas estancado. El primer paso es el más difícil, pero también el más importante. Puede que ese primer paso no te lleve donde quieras, pero te saca de dónde estás.

Hace poco más de un año que decidí crear mi propio estilo de vida, y ahora me pregunto: ¿cómo no lo hice antes? Era como si hubiera estado avanzando por un sendero que otro había construido para mí. Me hicieron creer que lo importante era el dinero, ¡pero lo importante es el tiempo! El tiempo es irrecuperable, y yo he dedicado el mío a otros a cambio de veintidós días de vacaciones y una paga al finalizar cada mes. El dinero se puede conseguir de muchas maneras, sólo necesitas esfuerzo e imaginación, ¿pero tiempo? ¡Ay! Cada minuto que pasa se evapora para siempre. Cambiamos nuestro tiempo por dinero, es lógico, ¿pero vale la pena dedicar tanto por tan poco? ¿Cuánto vale tu vida? Somos nosotros quienes debemos decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado. 

«Yo sí me esfuerzo, trabajo muy duro todos los días»

rutina Hacer a la perfección algo irrelevante no lo convierte en importante del mismo modo que dedicar tiempo a cosas inútiles no las convierte en útiles.

Hemos crecido con la idea de que el trabajo se mide por sacrificio personal en lugar de productividad profesional. Si puedes hacer en cinco horas lo que debes hacer en ocho no serás recompensado, te verás obligado a trabajar tres horas más. Ante este panorama, disminuimos nuestra productividad y creamos un vínculo esfuerzo-recompensa que nuestro cerebro lo interpreta de la siguiente manera: «No importa si hago mucho o poco, el resultado es el mismo». Interiorizamos este mensaje y creemos que la productividad es la máxima recompensa por el mínimo esfuerzo. Otra vez volvemos a caer en el engaño de que el dinero es más importante que el tiempo. La productividad es la mínima inversión de tiempo por máximo beneficio. Menor tiempo no conlleva menor esfuerzo, sino todo lo contrario.

Nos enseñan a no ser productivos y nos premian por ello. Instauramos este sistema de mínimo esfuerzo por máximo beneficio en nuestra vida y, claro, el tiempo pasa y comenzamos a ver que algo no funciona. Queremos un cambio en nuestra vida, queremos prosperar y ser más felices y, ¿qué hacemos? Nos esforzamos más. Error. Aumentamos el esfuerzo en una fórmula incorrecta. Nos esforzamos más y más para así tener más dinero y con ello más felicidad, pero es entonces cuando vemos que nuestro tiempo libre disminuye. Hay que enfocar y maximizar el esfuerzo en busca del resultado correcto: disminuir el tiempo invertido.

«No puedo cambiar mi estilo de vida, necesito dinero»

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¿Tan difícil es de conseguir para que lo valoremos tanto? No. Sólo que queremos conseguirlo sin que tenga incidencia en nuestro estilo de vida, sin abandonar nuestra comodidad, sin aventurarnos en probar nuevas formas; adictos a la fórmula del mínimo esfuerzo y sin ver más allá del modelo que nos han implantado. Si no construyes tu propio camino, sólo seguirás el de alguien. ¿Cuándo fue la última vez que te interesaste en aprender algo nuevo, sea un oficio, un deporte o una nueva temática?

Queremos más haciendo menos. Queremos conseguir el cuerpo deseado, pero no queremos sufrir agujetas por ello. Deseamos poder viajar cuando nos plazca, pero no comenzamos ni a pensar cómo podemos conseguirlo. Así no se puede. Cuando entiendas que la felicidad no está en una vida sin esfuerzo, comenzarás a ver cómo aumenta. Si no sabes cuánto tiempo o dinero necesitas, ¿cómo vas a conseguirlo? Aumenta el esfuerzo para disminuir el tiempo invertido y verás como tu felicidad y tu dinero crecen. Porque dinero sin tiempo suele traducirse en la adquisición de objetos con la esperanza de aumentar nuestra felicidad, pero lo que realmente aumentamos es nuestra comodidad. Vamos agregando comodidad a nuestra vida a través de objetos y productos hasta que llega el momento que, tenemos tantos y creemos que son tan importantes, que se convierten en nuestra cárcel. Como dijo Séneca:

«Pobre de esa clase, aparentemente rica, aunque en realidad la más terriblemente empobrecida de todas, que ha acumulado escoria, pero no sabe cómo usarla, ni cómo deshacerse de ella, por lo que ha forjado sus propios grilletes de oro y plata».

Basamos nuestro estilo de vida en busca del confort, pero es esa comodidad la que nos está matando. ¿Por qué entonces continuamos haciéndolo? Porque obedecer es más fácil que pensar. Porque la libertad da miedo. Porque la libertad conlleva responsabilidad y sólo alguien totalmente responsable de sus actos es libre.

 

10 Comentarios

  1. Me siento identificado en algunas partes del texto, sobretodo en la parte del esfuerzo. Por otra parte, el hecho de vivir en un sistema capitalista nos aleja de los placeres inmateriales del ser humano, como la libertad, la felicidad o el soñar, estos atributos han sido substituidos por máquina, obsolescencia y rutina. Espero el siguiente “post” con ahínco,

    1. Siempre tenemos la libertad de decidir aunque a veces parezca que todo escapa a nuestro control. Queremos alcanzar altos hitos sin prescindir de ciertas comodidades.

  2. Acabo de leer tus palabras, y sinceramente me han parecido muy intensas y a la vez empáticas, porque reflejan un poco ese sentimiento de inconformidad, de lucha por querer salir de la zona de confort, de querer salir de este sistema capitalista en el que todos vivimos, y la búsqueda de esos pequeños momentos de felicidad o de esa forma de vida plena que todos ansiamos obtener. Felicidades por el artículo y gracias por compartir tu reflexión

  3. Que razón! !! Maldita zona de confort! Las mejores cosas pasan fuera de ella! Pero cuesta mucho salir de ella! Mucho! Y aquí mi planteamiento: que es salir de la zona de confort? No comer lo que te apetece, aunque sea sano? Obligarte a ir a una cita por compromiso? Dejar de hacer aquello que en general te da seguridad y placer? Hasta que punto hay que salir de esa zona? Únicamente en decisiones importantes? O hasta en lo más banal e ínfimo? Dejo la duda! Y espero hallar la respuesta!

    1. ¡Buena pregunta! Aunque creo que antes de contestar qué es, hay que saber para qué sirve y con qué fin queremos salir. Hay mucha gente que está a gusto en la rutina y en la comodidad, pero los que buscan salir de ella, no es que el fin de sufrir o pasarlo mal. El fin es crecer a través de la superación personal. ¿Obligarte a ir a una cita te hará crecer? ¿Nos sentamos en asientos con pinchos y comemos carne cruda? Probablemente no sean buenas ideas. Salir de la zona de confort es ir a buscar algo que en el fondo de tu ser te dice que te hará crecer venciendo el miedo que te detiene. Eso es abrazar la incomodidad: apostar por tu crecimiento en detrimento del miedo. Si el miedo vence, te estancas en la comodidad.

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