Cómo desarrollar habilidades en poco tiempo

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Tiempo de lectura: 8 minutos

Desde el día de nuestro nacimiento, nuestra genética puede orientarnos hacia un  tipo de habilidades, que puede que en algún momento de nuestras vidas, descubramos que valemos para ellas o no. Como ya comenté en otro artículo (cómo encontrar tu pasión), es en la etapa de desarrollo temprana, cuando somos niños, el momento en que podemos ver con claridad cuáles son esas habilidades que nuestro propio cuerpo y naturaleza, nos pide desarrollar. ¿Pero qué pasa si quiero desarrollar una habilidad que no tiene que ver con mis aptitudes naturales o si descubro esta vocación en una etapa adulta? ¿O si simplemente quiero aprender algo nuevo y necesito aprenderlo rápido?

El camino más fácil, aunque largo, es la dedicación de horas y horas de práctica. Dicen que son 10.000 el número de horas que se necesitan para conseguir ser un maestro en la materia, o dicho de otra forma, adquirir una maestría. Esto equivale a 25 horas semanales durante más de 5 años. Pero ni todo el mundo necesita ser un maestro ni tiene tanto tiempo para dedicar. Y además, me hago una pregunta, ¿todo el mundo necesita esa misma cantidad de horas? Probablemente no, lo que significa que, a parte de las diferencias genéticas, hay diferencias en cuanto a la intensidad y asimilación. El método que te presento busca ahorrar una gran cantidad de tiempo, ya que es nuestro recurso más finito.

Pero te aviso, no creas que va a ser fácil, vas a tener que abrazar la incomodidad, cambiar hábitos y plantearte algunas cuestiones por el camino. Esto no es lo típico que encontrarás en internet de «consigue todo lo que quieras dedicando una hora al día» o «cómo hacerse rico desde el sofá de tu casa». No. Esto trata de la vida real, la dura, la que nos pone pruebas, la que nos intenta someter, la que aprieta a fin de mes y la que apenas nos deja dos días a la semana de libertad. La vida que vivimos la gran mayoría, y hablo en base a mi experiencia.

La concentración como base del aprendizaje

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Te haré una pregunta: ¿por qué no todos los niños aprenden lo mismo en el colegio? Porque unos prestan más atención que otros. La concentración es el arma definitiva que tenemos para el aprendizaje. Es como un estado mágico donde toda la maquinaria de tu cerebro está preparada para hacer una única cosa. Ésa es la forma favorita que escoge nuestro cuerpo para aprender y desarrollar habilidades. Pero este estado es volátil y fugaz y el mundo conspira para que no entremos en ese estado de flujo, que Cal Newport llama «Deep Work» en su libro —que recomiendo— y es un término que utilizaré a partir de ahora.

El primer enemigo, una vez más, somos nosotros mismos, pues con el desuso de esta característica se hace difícil volver a recuperar la concentración y requiere de entrenamiento para reactivarla. ¿Recuerdas cuando eras niño y las horas se te pasaban volando mientras jugabas? ¿O esos días que has tenido tanto trabajo que el día se ha pasado enseguida? Sucede lo mismo tanto en una situaciones de disfrute como de estrés. La clave está en la concentración. La concentración actúa como una lupa, enfoca algo y el resto desaparece. Así que este será el primer punto, mejorar la concentración. Y para ello, deberás desprenderte de algunos malos hábitos, sobre todo uno que negarás y que no creerás que es tan dañino como te lo explico: las redes sociales. Crees que te hacen bien y te distraen, pero no sabes todo el daño que están haciendo a nivel psicológico. Como expliqué en otro artículo, las redes sociales son la mayor barrera del aprendizaje a día de hoy. Si la obesidad es la enfermedad del siglo XXI, el smartphone es la droga de este milenio.

Las 7 reglas para mejorar la concentración

1. Aléjate de tu smartphone.

Crees que poner modo avión o desactivar notificaciones es suficiente. Pero no. Tienes que alejarlo de tu vista, llevarlo lo más lejos posible. Evitar al máximo la tentación de usarlo. Ni sobre la mesa ni en el bolsillo. Lo óptimo sería apagado y oculto en un cajón. Si desconectas de todo durante unas horas no será el fin del mundo. ¿Crees que un fumador dejaría un paquete de tabaco sobre la mesa mientras lo está dejando? No.

2. Crea tu lugar de trabajo y define un horario.

Debes establecer dónde trabajas y durante cuanto tiempo. Lo mejor es tener una sala que sólo se utilice para eso, así tu cuerpo asigna ese espacio al desarrollo de habilidades. Si no tienes esa posibilidad, ve a una cafetería, una biblioteca o un lugar donde nadie te pueda molestar. Mientras des uso a ese lugar, debe ser un templo sagrado libre de interrupciones. Si estás en casa, pon un cartel de no molestar. Cada interrupción cuesta quince minutos hasta que se vuelve a entrar en modo de concentración total.

3. Estructura y planifica.

Antes de comenzar a hacer nada, debes tener unos objetivos: cuándo será el descanso, qué temas vas a estudiar, cómo lo vas a hacer, si luego vas a ponerlo en práctica. Todo lo concerniente al desarrollo de la actividad debe estar totalmente organizado de antemano para no perder el tiempo pensando en qué vas a hacer, o cómo continuar.

4. Provee tu fuerza de trabajo.

Tu actividad no puede verse interrumpida porque tengas que ir a beber agua, al baño o porque tengas hambre. Prepara todo lo que necesites antes de empezar. Estos líquidos y alimentos deben proporcionarte un alto nivel de concentración: café, agua (mucha) y frutos secos es la combinación que yo utilizo, pero cada cual se conoce a sí mismo. Muy importante el mantenernos hidratados en todo momento. Nuestro cerebro está compuesto por un 83% de agua, y sólo con que nuestro nivel de hidratación se reduzca un 2% tendrá un impacto en nuestro rendimiento, estado de ánimo, fatiga, memoria y atención.

5. Descansos no forzados.

Se ha puesto muy de moda técnicas de descanso como pomodoro, descansar 13 minutos por cada hora de trabajo o limitar un máximo de trabajo para optimizar el rendimiento. Yo no apuesto por ello. Deja que el cuerpo te guíe. Si ese día te sientes especialmente concentrado que hasta se te pasa la hora de la comida, adelante. No interrumpas tu Deep Work. Déjalo fluir y que se refuerce. Cuando te sientas disperso, con hambre o tenso; descansa, date un paseo, come e hidrátate.

6. Utiliza motivación extrínseca.

La motivación interna es la que nos va a mover para empezar, la concentración nos va a ayudar a asimilar mucha más información que de la forma tradicional, pero es difícil mantener una concentración férrea durante muchas horas (sobre todo sin entrenamiento). Mi récord está en seis horas, pero después de muchas sesiones. Mientras desarrollas y fortaleces tu concentración, habrá momentos de duda, cansancio y ganas de abandono (como si fuese un músculo), es aquí donde entra en juego la motivación externa. Ten algo que te recuerde por qué estás haciendo esto. J.K. Rowling escribía Harry Potter en un hotel con vistas al castillo que inspiró Hogwarts, muchos deportistas tienen imágenes de sus ídolos a la vista, y tú deberás buscar qué es lo que te da fuerzas cuando todo lo demás falle.

7. Mide tu progreso.

Como decía antes, mi concentración llegó a las 6 horas. ¿Cómo lo sé? Porque mido cuanto tiempo puedo mantener la concentración. Al principio apenas pasaba de la hora, después llegué a dos, y poco a poco fui incrementándolo. Apunta en un papel tus resultados o créate un Excel (esto es personal, yo estoy enamorado de este programa). ¿Cuántas horas te has propuesto y cuántas has logrado, cuánto has estudiado o practicado y cuánto habías planificado, cómo de satisfecho estás con la sesión? Mirando estas métricas, irás viendo tu evolución y te sorprenderás de los resultados que te da la concentración. Cuando los datos sean fijos, incluso podrás hacer estimaciones para siguientes actividades, llegando a calcular cuánto tiempo vas a necesitar para aprender algo nuevo.

Supera tus limitaciones

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Esta frase está tan trillada y ha sido usada por tanta gente dando ánimos vacíos, que ha dejado de ser algo real para convertirse en algo abstracto. Pero voy a tratar de recuperar la esencia con una historia personal.
Un amigo me llamó porque se había comprado una nueva bicicleta, y tenía dos, y quería que lo acompañara a hacer descenso. Yo no había hecho descenso en mi vida, es más, pensaba que sería algo así como rodar por campo con algunas cuestecitas. Así, campechano, fui a su casa con unas mallas y unas zapatillas de running y una camiseta de manga corta. Cuando vi que se ponía el casco, me dije que esto no era lo que yo pensaba.
Después de subir y subir, llegamos a la primera bajada, empinada y llena de surcos como un río seco. Me dijo «ésta es “algo” técnica». ¿Sólo «algo»? Si a eso le sumamos que hacía años que no subía a una Mountain Bike y que, al ser él y la bicicleta de Inglaterra, los frenos estaban al revés (frenaban las ruedas contrarias, como una moto) la dificultad era considerable.
Por supuesto que bajé, y tuve suerte. Y cuando digo suerte no hago referencia a mi habilidad. Cogí demasiada velocidad, reboté en un surco, me puse nervioso, me equivoqué de freno, se me levantó la rueda de atrás, me golpeé con el sillín en la espalda, traté de afianzarme con los pies en el suelo, las zapatillas derraparon por la tierra seca y, finalmente, llegué abajo. Seguía vivo y sin magulladuras. Mi reacción después de preguntarle «¿sólo “algo” técnico?», fue: «voy a volver a bajarla».

Lucha contra la curva de aprendizaje

Qué quiero explicar con todo esto. Yo no estaba preparado para bajar por esa pendiente, no tenía experiencia, ni el equipo adecuado, ni la habilidad suficiente. Pero al repetirla, ya no me pareció tan difícil, controlé los frenos, me fijé en cómo lo hacía mi amigo y lo hice medianamente bien. Cuatro horas más tarde, bajaba pendientes más complicadas, subía cuestas más dolorosas y saltaba montículos. Ni siquiera sabía que cuando saltabas alto y rápido los pies se te despegaban de los pedales y al caer te desequilibrabas.
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Por supuesto caí varias veces, me levanté y volví a repetir, me volví a caer en el mismo sitio, y volví a intentarlo. Recuerdo que al acabar el día, se sorprendió de cuánto había aprendido, y el fin de semana siguiente volvimos a repetir, y al comparar mi habilidad del segundo día con la del primero, quedó impresionado con la rapidez de mi aprendizaje. Esto es la denominada curva de aprendizaje, y cada materia, ya sea deportiva, profesional o de estudio, la tiene. Cada una a su manera, más duras o suaves al principio, más cortas o largas y más o menos peligrosas. Pero lo que está claro es que las primeras 20 horas son las más difíciles, y a partir de ese tiempo de esfuerzo y dedicación, tu cerebro y tu cuerpo comienzan a asimilar la práctica y la dificultad disminuye considerablemente.
Si quieres dominar una nueva habilidad, y quieres hacerlo en muy poco tiempo, debes romper algunas barreras, las barreras mentalesSuperar tus límites es hacer algo para lo que crees que no estás preparado. Es demostrarte a ti mismo que no importa lo que pienses, sino lo que hagas. Porque en la vida nunca vamos a estar preparados para hacer algo nuevo. Cuando nuestros padres nos quitaron por primera vez los ruedines de la bici no lo estábamos, cuando alguien decide tener un hijo, comprarse una casa o montar una empresa, tampoco lo está. No podemos estar preparados para situaciones que no hemos vivido. Pero no dejes que eso te frene, da igual si no estás seguro, hazlo, eso significa que estarás abrazando la incomodidad.

Las pautas para desarrollar habilidades

A modo de resumen, te dejo las directrices que seguir para poder desarrollar habilidades en tiempo récord.

1. Desconéctate de las redes sociales. Te ayudará a pensar sobre lo que quieres, sobre quién eres, y te dará la posibilidad de fortalecer y entrenar tu concentración.

2. Sigue las reglas para dominar el «Deep Work», la forma más productiva e inteligente de estudiar o trabajar.

3. No pongas barreras a tus habilidades, si no te sientes preparado para hacer algo, no huyas, abraza la incomodidad, es el único camino.

4. Comprende la ecuación de la curva de aprendizaje: horas dedicadas / dificultad de desarrollo. No hay momento más difícil que las primeras horas, ni momento más sencillo que las últimas.

5. Cree en ti. Esta es la norma que deberías aplicar a todos los campos de tu vida. Porque si tú no lo haces, ¿quién crees que va a hacerlo?

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