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7 Lecciones de emprendimiento que aprendí subiendo una montaña

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Siempre escucho que emprender es duro, que emprender es difícil. Impugno esa afirmación desde ya. El emprendimiento no es duro, lo duro es la vida, y aquí hay dos posibles escenarios: pasividad o actividad.

Emprender o no emprender.
¿Qué tipo de conductor eres?

La vida es como circular con un coche. Vas avanzando, conociendo los caminos, pero tarde o temprano acabas en un atasco. El trabajador por cuenta ajena permanece en la cola, disfrutando la espera escuchando música, aprovechando el tiempo realizando las llamadas oportunas o quejándose y maldiciendo. El emprendedor busca un atajo. Busca una forma de saltarse el tapón. En su apuesta, puede que dé con el callejón que lo lleva donde quiere o que quede atrapado en una calle cortada o una cola peor. Independientemente del resultado, está aprendiendo mucho más sobre su alrededor que el que sigue parado. Y vuelvo una vez más. Buscar una salida no es difícil, lo difícil es volver donde estabas. Los demás conductores te mirarán mal por haber querido destacar, algunos incluso pondrán su coche en medio para no dejarte pasar, y tendrás que esperar hasta que alguien generoso —o desconocido— te vuelva dejar a entrar. Eso sí, si lo hubieras conseguido, otros te seguirían. Así es esta gran masa que llamamos sociedad: se sube al carro de tu éxito rápidamente, pero cierra sus puertas con maderas si tratas de entrar con un letrero donde pone fracaso.

Emprender no es difícil, sólo necesitas fortaleza y resistencia mental. Lo mismo que para subir una montaña. Siempre que se emprende se usa el eufemismo de que el motivo originario más profundo de tu ser es ayudar a los demás. Y seguramente haya casos así, pero una razón de peso —que parece que sea un sacrilegio decirla— es demostrar tu valía, no a nadie, sino a ti mismo. Exactamente la misma razón que empuja a muchos a subir y escalar a la cima de una montaña.

¿Llegar a la cima es conseguir el éxito?

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Foto tomada en la cima junto a www.danielmarcelo.com

Muchas veces creemos que para ser felices tenemos que tener el coche de nuestros sueños, la casa pagada y no tener que preocuparnos por nuestras finanzas. Sólo entonces, cuando hayamos conseguido lo que nos han vendido que es el éxito, seremos felices. Pero mi historia no trata sobre eso.

Estábamos a una altura cercana a los 3.000 metros, el tiempo estaba en nuestra contra —era el penúltimo día del año que se recomienda hacer este pico— y el frío, la nieve y el terreno helado hacía que muchos diesen la vuelta, desaconsejándonos subir por el riesgo que suponía. Pero yo no había viajado 250 kilómetros, montado la tienda de campaña y subido durante horas para dejar que el miedo me deje a 300 metros de la cima. Yo había ido a subir hasta arriba, quería saber qué se sentía sobre la cima de una montaña. Quería acariciar el éxito. ¿Y sabes qué se siente? ¿Sabes esa sensación de soy el rey del mundo? Pues no la tuve. Quizá me creé falsas expectativas, o quizá no fue un reto suficiente. A decir verdad, fue una sensación bastante pobre, agridulce, fue un «¿ya está?, ¿y ahora a bajar?».

Sin embargo, el auténtico reto llegaba ahora. Uno de los compañeros estaba exhausto y eso nos retrasó en la montaña cuando el tiempo se volvió hostil. Con el hambre acuciando, improvisamos un refugio entre unos árboles que, si bien no detenían el frío ni la ventisca y apenas sentía las manos, nos resguardaban de la nieve y nuestras ropas no continuaban empapándose. Inexpertos, nos quedamos más tiempo de lo debido hasta el punto de ser los únicos en la montaña con horas de diferencia. Y fue desde ese punto hasta el final donde más aprendí y más crecí. Ahí entendí que si el reto no es lo suficientemente grande, el aprendizaje tampoco lo es. Los problemas no son grandes ni pequeños, son relativos a tu tamaño. Cuanto más grande te haces, menor es el problema. Y en ese risco me hice enorme y aprendí estas 7 lecciones de emprendimiento y de vida.

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1. Trabajo en equipo

Para que un equipo funcione, tiene que haber un nivel de compromiso idéntico en cada uno de sus miembros. Para ello, hay que definir bien cuál es el objetivo y hacerse las preguntas correctas. Es importante sincerarse con uno mismo para poder saber hasta dónde se quiere llegar. El error es preguntarse «¿qué estoy dispuesto a hacer para conseguir X?». No, esa es la pregunta que quieres escuchar para dar una respuesta fácil. Pero una pregunta mal formulada te dará una respuesta inútil. Lo que debes preguntarte es «¿qué estoy dispuesto a perder para conseguir X?». Nuestro compromiso era claro. Los tres integrantes íbamos a lograr culminar la cima mientras las piernas todavía pudieran seguir caminando. ¿Qué estábamos dispuestos a perder? Salud, comodidad y seguridad.

2. Recursos

Hay empresas que no tienen I+D, negocios que no invierten en marketing, startups que improvisan su departamento de recursos humanos, pero lo que nunca falta es Administración. Y si no se hace internamente, se subcontrata. Muchas veces la administración se ve como esa parte del negocio que no se ha modernizado, como algo obsoleto, pero no es así. Puede que el software que utilizan es el más sobrio y aburrido y no destaquen por su diseño flamante, pero es una de las piedras angulares de todo negocio. Administrar un negocio es gestionar los recursos. Y esos recursos son tiempo, mano de obra y dinero. Una buena idea con una mala administración es muy probable que acabe en fracaso. Sin embargo, una idea mediocre con una buena administración puede convertirse en un gran negocio. Motivo por lo que a muchas startups, los inversores les exigen que sea un CEO experimentado quien lleve el proyecto. Y no sólo ocurre en los negocios, es extrapolable a las personas, a la administración de sus cuentas, de su casa y, lo más importante, de su tiempo. Nuestra planificación se basó en buscar las necesidades detalladas que tendríamos durante tres días, cómo gestionarlas y quién se encargaría de proveer cada uno de estos ítems: mantas, cartones, tienda, líquidos y alimentación.

3. Diversidad

Mirar a la naturaleza siempre es sensato. La madre naturaleza es una maquinaria perfecta que siempre nos ha intentado enseñar cómo actuar, aunque muchas veces no queramos hacerle caso. Es un engranaje perfecto que se sostiene por la diversidad y la interacción de los diferentes elementos entre sí. En una organización sucede exactamente lo mismo. Uno de los consejos que se les da a los emprendedores es el de no emprender solos. Y tengo que decir que es muy acertado. Pero no busques un perfil parecido al tuyo, busca a alguien con el mismo objetivo, después busca que se complemente contigo, no sólo a nivel de habilidades, también de personalidades. Emprender un negocio es como tener un hijo, y si los padres, por muy aplicados que sean en sus tareas no se llevan bien, la relación acaba en divorcio, y el hijo, sufriendo. La poca diversidad de árboles en los bosques esteriliza el suelo. La poca diversidad en las empresas esteriliza el futuro.

4. Ambición

Todos tenemos límites, físicos y mentales, y ante ellos sólo podemos hacer dos cosas: reconocerlos, rendirnos y doblegarnos ante su imponente semblante u, obviarlos, perseguirlos y superarlos. Porque la gran mayoría de las veces, los límites no son más que una ilusión creada por el miedo y la pereza. Y para luchar contra ellos la mejor medicina es la ambición, que te empujará para que llegues al otro lado de tu límite, sin plantearte si podrás o no. No te recomiendo emprender si no tienes ambición, si sólo quieres montar ese negocio que te vaya dando una renta al mes. Para eso compra un parking y alquílalo. Un emprendedor necesita ambición. Con ella comprobará la consistencia de sus límites, si eran reales o eran un mero espejismo creado por su mente para preservarle en la comodidad, A veces la ambición puede parecer una absurda competición contra ti mismo. Pero la ambición, al igual que la fuerza de voluntad, se ha de entrenar. Es como un músculo que necesita de constante estímulo. Un reto demasiado alto o un reto demasiado bajo no son capaces de activarla. Demasiado difícil se convierte en imposible a tus ojos, demasiado fácil en pérdida de tiempo. Alimenta la ambición, observa cómo vas creciendo tú con ella. No fue la ambición quien me llevó a subir allí arriba, eso fue mi curiosidad y mi personalidad aventurera. La ambición es la que me pide ahora ir a por una cima más alta.

superar-tus-limites5. Superación

Cuando nacemos tenemos unas líneas a nuestro alrededor que delimitan nuestra zona segura, nuestra zona de confort. Conforme vamos creciendo esas líneas se expanden, a algunos mucho, a otros poco. Aquí aparecen dos tipos de personas, los que las aceptan y viven siempre dentro de las marcas y los que se acercan para ver cuán real son. Estos últimos son los que entienden que ellos mismos y su propio entorno pusieron esas demarcaciones allí, y que pueden empujarlas. Es entonces cuando se lleva a cabo la superación personal. De ese modo te haces cada vez más grande, más fuerte, más flexible. Y más feliz. Pocas cosas hacen tan feliz como superar algo que creías imposible. Y para un emprendedor esa es la clave. Emprender es vivir un tiempo como nadie quiere para disfrutar de otro como pocos pueden. Y no es por dinero, ni siquiera por éxito. Es por la felicidad de haberlo conseguido, de haber superado sus barreras, su propia opinión y la de los demás. De haberse convertido en quien quería ser. Parece que los límites sólo los puede romper un velocista batiendo su propio récord o un futbolista marcando más goles que la temporada anterior. Pero todos podemos colocar esa línea más allá, y vivir para seguir desplazándola una y otra vez. La superación personal no es un acto, es un hábito, es el estilo de vida de quienes quieren romper sus propios esquemas. De los inconformistas que no se contentan con el calor de la lumbre y la luz del televisor. De quienes abrazan la incomodidad y salen de su zona de confort. De los que suben a lo más alto y quieren más.

6. Riesgo

Dicen que los trapecistas, cuando caminan por la cuerda floja, llevan sus sentidos y sus habilidades al siguiente nivel. Que esa amenaza constante los introduce en un estado de forma sublime, donde no existen ni los pensamientos negativos que te frenan, donde las voces que te alertan están apagadas y lo único que se oye es el silencio de tu concentración. El riesgo es un estresor que moldea tu mente de una forma mucho más rápida que de forma natural. Si no encaramos peligros y siempre vivimos en nuestra comodidad, el crecimiento será lento —o nulo—, y cuanto más seguro es el entorno, más inútiles nos volvemos. Los humanos hemos llegado hasta aquí gracias a nuestro instinto de supervivencia y a nuestros sentidos de alerta. Si acostumbramos a nuestro cuerpo a una seguridad extrema, nuestro sistema se relaja y nuestros sentidos se duermen; y nuestro cuerpo queda desprovisto del sistema de vigía que nos hace crecer exponencialmente. Entiende el riesgo como retar a tu estabilidad a cambio de la posibilidad de la mejora personal en cualquier ámbito, ya sea cambiando de empleo, creando uno propio, teniendo esa conversación que quieres evitar o subiendo una montaña. Por supuesto puede que salga mal y tu calidad personal empeore, pero no tu desarrollo personal. Somos la mezcla de nuestros trozos rotos que hemos ido recogiendo.

7. Decisión

Hay dos tipos de libertad, la libertad física que vivimos en la mayoría de países desarrollados y en vías de desarrollo, y la libertad en la toma de decisiones. La privación de la primera libertad no la he vivido y espero no vivirla, pero sí conozco a alguien que fue privado de ella durante ocho días de secuestro y, siempre que escucho a alguien decir «no puedo escoger» pienso, «no tienes ni idea de lo que dices». La toma de decisiones está en nuestras manos, pero aún así veo demasiada gente que no se lo cree y vagan como un velero perdido en alta mar, dejándose llevar por las decisiones de otros: sus parejas, sus jefes, sus amigos… o por otros factores: sus miedos, sus inseguridades, su vergüenza. Si algo tienen los emprendedores es que son líderes de sus propias vidas y toman las decisiones que construyen su futuro. Para bien o para mal son ellos quienes han diseñado su camino. Es preferible equivocarse siendo libre que acertar encadenado. En la montaña, cuando muchos decidieron volverse dejaron tomar la decisión por el miedo, por su pereza que les decía que ya estaban cansados o bajaba porque casi todo su equipo empezaría a bajar… Yo subí a pesar de tener que dejar a un compañero atrás porque el cansancio le impedía seguir mi ritmo y el de otro compañero, y su resistencia física agotada, le haría vulnerable para trepar por el último tramo, el más escarpado, técnico y duro de todos. No son decisiones fáciles, pero… ¿hay alguna decisión importante que sea fácil?

4 Comentarios

  1. Echaba de menos esa sabiduría a la que nos tienes acostumbrados.. se que no tienes tiempo.. pero cada vez que lo haces.. inspiras.. gracias.. por habernos dado el privilegio de conocerte..

    1. Muchísimas gracias Andrés, que sepas que me han llegado tus palabras. Un saludo y espero poder seguir a la altura y seguir llevándome regalos como el que me acabas de dar. Gracias, de verdad.

  2. Hola Juan Manuel! Es la primera vez que leo tu blog y me encanta!! Enhorabuena por conseguir el reto de subir la montaña, en la ultima foto se te nota ya muchisimo el cansancio, entre eso y la barba parece que llevas tres años ahi en el monte 😂😂😂

    Acabo de leer tu presentación tambien (primera visita te lo estoy cotilleando todo todo!) y me has insiprado. El minimalismo al nivel de deshacerme de todo me daría pánico total pero ¿Te suena Marie Kondo? ¿La japonesa esta que te enseña a organizarlo todo? Es como una rutina de minimalismo light para las cosas que tienes en casa, te enseña a deshacerte de cosas, organizar y dejar solo lo que te hace feliz de verdad… Me gusta mucho ese concepto de tener solo lo que necesitamos y estar despiertos a si necesitamos lo que queremos. ¿Y el tema del emprendimiento? Ayer me dijeron algo que me llego al alma: No tenemos problemas, tenemos oportunidades.

    1. ¡Hola Emily! Qué sorpresa más grata tenerte por aquí. Gracias, es bonito leer un blog que te encanta y viceversa, es como una epístola 2.0, jaja.
      Pues la verdad que sí que había oído hablar de Marie Kondo y eso es un nivel de minimalismo muy top. Yo trato de practicarlo (y de hecho lo hago) pero sin que llegue a ser una seña de identidad. Además, como ya te dije, después de pasar por tu blog mi minimalismo se ha ido maximizando, aunque bueno, esos productos caben en un neceser.
      Buena frase sí. Te daré otra para que así no te vayas de vacío: Un emprendedor es alguien que salta de un avión y de camino a tierra se monta un paracaídas. Es menos lírica pero muy visual.

      ¡Un saludo y gracias por la visita!

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