El impacto de las redes sociales en el aprendizaje

Tiempo de lectura: 6 minutos

Cada día observamos a nuestro alrededor, en la televisión y a través de internet, personas capaces de hacer cosas increíbles, crear ideas que jamás se nos hubiesen ocurrido y llevar a cabo proyectos en los cuales nos hubiésemos rendido. Parece que la brecha entre estos protagonistas y la mayoría de la gente se amplía día a día.  ¿Cuánto tiempo cree que dedican a eso en lo que destacan y cuanto a sus redes sociales? Mientras tú te desplazas hacia abajo con el dedo entre un mar de fotos, cotilleos y falso éxito; ellos entrenan, estudian, practican y triunfan.

Tú decides qué hacer con cada nuevo día, si acortar la distancia que te separa o alargarla. Deja de admirar a gente a través de la pantalla y comienza a admirar a quien tienes delante del espejo. Mírate a ti mismo. ¿Qué quieres? ¿Por qué vas a luchar? Deja el victimismo y la envidia: «todo está inventado», «comiendo arroz y pollo yo también tendría ese cuerpo», «si no tengo dinero es porque tengo mala suerte». Basta. Si ellos pueden, tú también.

Para tener éxito y lograr un objetivo se necesitan una serie de hábitos y habilidades, y para fracasar sólo se necesitan malos hábitos. El aprendizaje es una de las claves del éxito, pero pensar que es necesario aprender algo que desconocemos o tener habilidades que no poseemos, nos hace ver una barrera infranqueable. Comenzamos a pensar en las horas y horas que tenemos que practicar para conseguir acercarnos a alguien que nos saca ventaja, y nos desanimamos. No renuncies, hay formas de desarrollar nuevas habilidades en poco tiempo.

No hablemos de éxito, hablemos de fracaso.

El fracaso tiene muchos ingredientes, y no siempre es tan bonito y tan didáctico como nos lo hacen ver. Me gusta diferenciar «fallar» de «fracasar». Para mí fallar es intentarlo y no conseguirlo, fracasar es intentarlo a medias, sin darlo todo, ya sea por falta de energía o falta de conocimiento. Pero no permitas que el fracaso te haga abandonar.

Nos rendimos por miedo, pereza, falta de compromiso, poca convicción y poca motivación. ¿Me asegura eso que con esos ingredientes lo conseguiré? No. Puedes seguir estos pasos para aumentar tu fuerza de voluntad y estrellarte de todas formas. El desconocimiento, las ideas mal ejecutadas, poca o nula visión y no ser consciente de tus limitaciones te aseguran el fracaso. ¿Aprenderás? Sí. Pero a base de golpes que podrías esquivar. Como dice Emilio Duró «si motivas a un tonto, sólo tendrás a un tonto motivado». Estos son algunos de los ingredientes que tiene el fracaso. Pero exactamente quiero hablar de la que considero que está afectando a más gente sin que se de cuenta. Como una enfermedad silenciosa que destruye tu futuro, oculto entre nosotros y que, por la dificultad de verlo y aceptarlo, se vuelve aún más peligroso: la tecnología.

La tecnología nos ha traído una serie de comodidades que jamás habíamos vivido antes, las adoptamos sin pensar demasiado en cómo cambian nuestra forma de vivir y nos dejamos seducir sin pensar en las consecuencias que consigo trae. Cada cambio tecnológico ha sido seguido de un cambio en el comportamiento humano. Con la revolución industrial y las máquinas, el hombre se emancipó del trabajo y se reguló una jornada laboral que, por primera vez desde hacía mucho tiempo, daba al hombre de a pie tiempo libre para disfrutar, que acompañado de pocos recursos económicos, se convierte en tiempo para pensar. Aparecen los hobbies, se crean asociaciones deportivas, y aparecen una serie de corrientes filosóficas que abogan por los derechos del individuo y la libertad.

El gran cambio que hemos sufrido en este nuevo milenio es el de la tecnología de bolsillo, o el smartphone. Esto lleva a una serie de cambios positivos, pero toda luz proyecta una sombra, y si no levantas la cabeza no verás lo alargada que puede llegar a ser. La tecnología nos ha traído la privación del silencio. O dicho de otra forma: ya no pensamos. Hablamos mucho y no decimos nada. Caminamos mucho y no avanzamos. No vamos a ninguna parte. Antes sólo teníamos círculos sociales, ahora también tenemos redes sociales. Este exceso y facilidad para la conectividad nos aleja de nosotros mismos. Hemos cambiado la conversación en nuestra cabeza, por el desplazamiento entre chats vacíos, vídeos estúpidos y fotografías perfectas.

El impacto de las redes sociales en nuestro comportamiento

gente-mirando-el-movil-en-el-metro-de-madrid

Vivimos en una época en la que estamos rodeados de facilidades. Quiero hablar con un amigo, saco el móvil y le envío un WhatsApp. Necesito información, la consulto a instante, incluso si busco a alguien con quien tener una cita, no tengo ni que salir y enfrentarme al mundo. Hemos perdido la paciencia, y estamos perdiendo la capacidad de pensar en nosotros. Cada día, veo en el metro este fenómeno, o en la cola de un supermercado. Parece que si hay más de tres personas por delante de ti, esos dos minutos de espera se hacen insufribles y hay que desbloquear el teléfono para sentir que no se pierde el tiempo. Curiosa paradoja: perdemos el tiempo en el móvil para no sentir que perdemos el tiempo. Sin silencio nos llenamos de ruido, dejamos de pensar, y sin pensar, dejamos de saber quiénes somos, qué queremos y cómo vamos a conseguirlo.

¿Entonces por qué tienen tanto éxito? Porque sí genera un importante factor que nos hace felices: la ausencia de preocupaciones, que a su vez genera un estado inmediato de euforia, como las drogas.

La tecnología como droga del siglo XXI

Las interacciones a través de redes sociales aportan a nuestro cerebro dopamina y recompensa inmediata, al igual que el sexo, el alcohol, el tabaco, el juego y las drogas, en otras palabras: es adictivo. El problema es que los smartphones camuflan sus efectos o no han estado tanto tiempo entre nosotros como para poder ver los daños a largo plazo, por tanto no podemos cuantificarlo. Y en este mundo, parece que si algo no se puede medir, no existe. En los años 60 el tabaco era recomendado por médicos para la descongestión nasal y a principios del siglo pasado se comercializaba agua radioactiva, que era mortal. Así que tenemos una «droga de bolsillo» que podemos consumir cuando queramos, sin límites. Y como toda droga, genera depresión. Detrás de la irradiación de felicidad y superación de cada foto y de cada texto de cualquier influencer, hay una persona con sus problemas, sus desilusiones y sus preocupaciones. Como tú. Como yo. Como todos. No entender este punto hace ver que tu vida no es tan guay como la de otros, ni tus paisajes tan bonitos, ni tu cuerpo tan hermoso ni tu ropa tan moderna.

Creemos que la tecnología nos dará la felicidad que no encontramos, pero es un error, porque justamente, tres de los factores que más contribuyen a la felicidad no se pueden conseguir mediante la tecnología, o al menos directamente de ella: desarrollo de habilidades, creación de relaciones duraderas y satisfacción laboral. Y hoy te voy a hablar del primero.

Las redes sociales como barrera del aprendizaje

escritorio-con-iphone-mac-y-libreta

Si aún no has entendido que uno de las claves para aprender nuevas habilidades es despegarnos de la tecnología, te lo recalco: fuera el móvil. Sólo con desactivar las notificaciones y restringir su uso a ciertas horas del día habremos conseguido un gran avance. Y si no te lo crees, pruébalo, aunque el mejor consejo es que si quieres aprender algo nuevo en tiempo récord, directamente lo dejes apagado en un cajón.

¿Por qué no se puede aprender teniéndolo cerca? Por las interrupciones y las señales emocionales que genera. Te voy a poner un ejemplo. Imagina que estás intentando leer un libro y a los cinco o diez minutos, tu pareja —o no pareja— te dice de ir a la cama, que va a ser épico. ¿Te resistirías? No sé tú, pero me lo imagino mientras escribo estas líneas y probablemente yo no me resistiría, es algo que tengo que mejorar. Bien, científicamente hablando, las notificaciones tienen el mismo efecto, en mayor o menor medida dependiendo de varios factores.

Yo hice la prueba, dejé el móvil apagado en un cajón para disponerme a estudiar, escribir y cualquier otra tarea que necesite de mi mente al 100%. Y a pesar de que no me considero adicto, sentí el síndrome de abstinencia. Sufrí incluso falta de concentración, deseos de utilizarlo, de ver si alguien me había hablado o,  simplemente, necesitaba sentirme conectado. Al descubrir eso, decidí estar sin móvil durante dos días. Las primeras 24 horas fueron especialmente duras, pero las siguientes fueron reveladoras. Mis niveles de concentración funcionaban muy por encima de lo lo que yo creía que era mi cien por cien. Y no sólo eso: pensaba. Veía a los demás, con sus espaldas curvadas, caminando por la calle mientras miraban una pantalla, con sonrisas estúpidas en la cara, consumiendo contenido vacío, resumiendo su mundo a cinco pulgadas.

El teléfono móvil puede ser una gran herramienta, pero debemos diferenciar cuándo poseemos a la tecnología y cuándo la tecnología nos posee a nosotros. Porque si de verdad quieres dar un paso hacia adelante y desarrollar habilidades para tu vida o tu carrera, debes separarlo de ti en el proceso. Es la única manera de mejorar nuestra concentración, la parte más importante para desarrollar nuevas habilidades. Como ves, el éxito o el fracaso está en tus manos, y nunca mejor dicho.

Cómo desarrollar habilidades en poco tiempo

Tiempo de lectura: 8 minutos

Desde el día de nuestro nacimiento, nuestra genética puede orientarnos hacia un  tipo de habilidades, que puede que en algún momento de nuestras vidas, descubramos que valemos para ellas o no. Como ya comenté en otro artículo (cómo encontrar tu pasión), es en la etapa de desarrollo temprana, cuando somos niños, el momento en que podemos ver con claridad cuáles son esas habilidades que nuestro propio cuerpo y naturaleza, nos pide desarrollar. ¿Pero qué pasa si quiero desarrollar una habilidad que no tiene que ver con mis aptitudes naturales o si descubro esta vocación en una etapa adulta? ¿O si simplemente quiero aprender algo nuevo y necesito aprenderlo rápido?

El camino más fácil, aunque largo, es la dedicación de horas y horas de práctica. Dicen que son 10.000 el número de horas que se necesitan para conseguir ser un maestro en la materia, o dicho de otra forma, adquirir una maestría. Esto equivale a 25 horas semanales durante más de 5 años. Pero ni todo el mundo necesita ser un maestro ni tiene tanto tiempo para dedicar. Y además, me hago una pregunta, ¿todo el mundo necesita esa misma cantidad de horas? Probablemente no, lo que significa que, a parte de las diferencias genéticas, hay diferencias en cuanto a la intensidad y asimilación. El método que te presento busca ahorrar una gran cantidad de tiempo, ya que es nuestro recurso más finito.

Pero te aviso, no creas que va a ser fácil, vas a tener que abrazar la incomodidad, cambiar hábitos y plantearte algunas cuestiones por el camino. Esto no es lo típico que encontrarás en internet de «consigue todo lo que quieras dedicando una hora al día» o «cómo hacerse rico desde el sofá de tu casa». No. Esto trata de la vida real, la dura, la que nos pone pruebas, la que nos intenta someter, la que aprieta a fin de mes y la que apenas nos deja dos días a la semana de libertad. La vida que vivimos la gran mayoría, y hablo en base a mi experiencia.

La concentración como base del aprendizaje

portada-deep-work-cal-newport

Te haré una pregunta: ¿por qué no todos los niños aprenden lo mismo en el colegio? Porque unos prestan más atención que otros. La concentración es el arma definitiva que tenemos para el aprendizaje. Es como un estado mágico donde toda la maquinaria de tu cerebro está preparada para hacer una única cosa. Ésa es la forma favorita que escoge nuestro cuerpo para aprender y desarrollar habilidades. Pero este estado es volátil y fugaz y el mundo conspira para que no entremos en ese estado de flujo, que Cal Newport llama «Deep Work» en su libro —que recomiendo— y es un término que utilizaré a partir de ahora.

El primer enemigo, una vez más, somos nosotros mismos, pues con el desuso de esta característica se hace difícil volver a recuperar la concentración y requiere de entrenamiento para reactivarla. ¿Recuerdas cuando eras niño y las horas se te pasaban volando mientras jugabas? ¿O esos días que has tenido tanto trabajo que el día se ha pasado enseguida? Sucede lo mismo tanto en una situaciones de disfrute como de estrés. La clave está en la concentración. La concentración actúa como una lupa, enfoca algo y el resto desaparece. Así que este será el primer punto, mejorar la concentración. Y para ello, deberás desprenderte de algunos malos hábitos, sobre todo uno que negarás y que no creerás que es tan dañino como te lo explico: las redes sociales. Crees que te hacen bien y te distraen, pero no sabes todo el daño que están haciendo a nivel psicológico. Como expliqué en otro artículo, las redes sociales son la mayor barrera del aprendizaje a día de hoy. Si la obesidad es la enfermedad del siglo XXI, el smartphone es la droga de este milenio.

Las 7 reglas para mejorar la concentración

1. Aléjate de tu smartphone.

Crees que poner modo avión o desactivar notificaciones es suficiente. Pero no. Tienes que alejarlo de tu vista, llevarlo lo más lejos posible. Evitar al máximo la tentación de usarlo. Ni sobre la mesa ni en el bolsillo. Lo óptimo sería apagado y oculto en un cajón. Si desconectas de todo durante unas horas no será el fin del mundo. ¿Crees que un fumador dejaría un paquete de tabaco sobre la mesa mientras lo está dejando? No.

2. Crea tu lugar de trabajo y define un horario.

Debes establecer dónde trabajas y durante cuanto tiempo. Lo mejor es tener una sala que sólo se utilice para eso, así tu cuerpo asigna ese espacio al desarrollo de habilidades. Si no tienes esa posibilidad, ve a una cafetería, una biblioteca o un lugar donde nadie te pueda molestar. Mientras des uso a ese lugar, debe ser un templo sagrado libre de interrupciones. Si estás en casa, pon un cartel de no molestar. Cada interrupción cuesta quince minutos hasta que se vuelve a entrar en modo de concentración total.

3. Estructura y planifica.

Antes de comenzar a hacer nada, debes tener unos objetivos: cuándo será el descanso, qué temas vas a estudiar, cómo lo vas a hacer, si luego vas a ponerlo en práctica. Todo lo concerniente al desarrollo de la actividad debe estar totalmente organizado de antemano para no perder el tiempo pensando en qué vas a hacer, o cómo continuar.

4. Provee tu fuerza de trabajo.

Tu actividad no puede verse interrumpida porque tengas que ir a beber agua, al baño o porque tengas hambre. Prepara todo lo que necesites antes de empezar. Estos líquidos y alimentos deben proporcionarte un alto nivel de concentración: café, agua (mucha) y frutos secos es la combinación que yo utilizo, pero cada cual se conoce a sí mismo. Muy importante el mantenernos hidratados en todo momento. Nuestro cerebro está compuesto por un 83% de agua, y sólo con que nuestro nivel de hidratación se reduzca un 2% tendrá un impacto en nuestro rendimiento, estado de ánimo, fatiga, memoria y atención.

5. Descansos no forzados.

Se ha puesto muy de moda técnicas de descanso como pomodoro, descansar 13 minutos por cada hora de trabajo o limitar un máximo de trabajo para optimizar el rendimiento. Yo no apuesto por ello. Deja que el cuerpo te guíe. Si ese día te sientes especialmente concentrado que hasta se te pasa la hora de la comida, adelante. No interrumpas tu Deep Work. Déjalo fluir y que se refuerce. Cuando te sientas disperso, con hambre o tenso; descansa, date un paseo, come e hidrátate.

6. Utiliza motivación extrínseca.

La motivación interna es la que nos va a mover para empezar, la concentración nos va a ayudar a asimilar mucha más información que de la forma tradicional, pero es difícil mantener una concentración férrea durante muchas horas (sobre todo sin entrenamiento). Mi récord está en seis horas, pero después de muchas sesiones. Mientras desarrollas y fortaleces tu concentración, habrá momentos de duda, cansancio y ganas de abandono (como si fuese un músculo), es aquí donde entra en juego la motivación externa. Ten algo que te recuerde por qué estás haciendo esto. J.K. Rowling escribía Harry Potter en un hotel con vistas al castillo que inspiró Hogwarts, muchos deportistas tienen imágenes de sus ídolos a la vista, y tú deberás buscar qué es lo que te da fuerzas cuando todo lo demás falle.

7. Mide tu progreso.

Como decía antes, mi concentración llegó a las 6 horas. ¿Cómo lo sé? Porque mido cuanto tiempo puedo mantener la concentración. Al principio apenas pasaba de la hora, después llegué a dos, y poco a poco fui incrementándolo. Apunta en un papel tus resultados o créate un Excel (esto es personal, yo estoy enamorado de este programa). ¿Cuántas horas te has propuesto y cuántas has logrado, cuánto has estudiado o practicado y cuánto habías planificado, cómo de satisfecho estás con la sesión? Mirando estas métricas, irás viendo tu evolución y te sorprenderás de los resultados que te da la concentración. Cuando los datos sean fijos, incluso podrás hacer estimaciones para siguientes actividades, llegando a calcular cuánto tiempo vas a necesitar para aprender algo nuevo.

Supera tus limitaciones

reloj-marcando-182-bpm
Esta frase está tan trillada y ha sido usada por tanta gente dando ánimos vacíos, que ha dejado de ser algo real para convertirse en algo abstracto. Pero voy a tratar de recuperar la esencia con una historia personal.
Un amigo me llamó porque se había comprado una nueva bicicleta, y tenía dos, y quería que lo acompañara a hacer descenso. Yo no había hecho descenso en mi vida, es más, pensaba que sería algo así como rodar por campo con algunas cuestecitas. Así, campechano, fui a su casa con unas mallas y unas zapatillas de running y una camiseta de manga corta. Cuando vi que se ponía el casco, me dije que esto no era lo que yo pensaba.
Después de subir y subir, llegamos a la primera bajada, empinada y llena de surcos como un río seco. Me dijo «ésta es “algo” técnica». ¿Sólo «algo»? Si a eso le sumamos que hacía años que no subía a una Mountain Bike y que, al ser él y la bicicleta de Inglaterra, los frenos estaban al revés (frenaban las ruedas contrarias, como una moto) la dificultad era considerable.
Por supuesto que bajé, y tuve suerte. Y cuando digo suerte no hago referencia a mi habilidad. Cogí demasiada velocidad, reboté en un surco, me puse nervioso, me equivoqué de freno, se me levantó la rueda de atrás, me golpeé con el sillín en la espalda, traté de afianzarme con los pies en el suelo, las zapatillas derraparon por la tierra seca y, finalmente, llegué abajo. Seguía vivo y sin magulladuras. Mi reacción después de preguntarle «¿sólo “algo” técnico?», fue: «voy a volver a bajarla».

Lucha contra la curva de aprendizaje

Qué quiero explicar con todo esto. Yo no estaba preparado para bajar por esa pendiente, no tenía experiencia, ni el equipo adecuado, ni la habilidad suficiente. Pero al repetirla, ya no me pareció tan difícil, controlé los frenos, me fijé en cómo lo hacía mi amigo y lo hice medianamente bien. Cuatro horas más tarde, bajaba pendientes más complicadas, subía cuestas más dolorosas y saltaba montículos. Ni siquiera sabía que cuando saltabas alto y rápido los pies se te despegaban de los pedales y al caer te desequilibrabas.
yo-saltando-con-la-bici
Por supuesto caí varias veces, me levanté y volví a repetir, me volví a caer en el mismo sitio, y volví a intentarlo. Recuerdo que al acabar el día, se sorprendió de cuánto había aprendido, y el fin de semana siguiente volvimos a repetir, y al comparar mi habilidad del segundo día con la del primero, quedó impresionado con la rapidez de mi aprendizaje. Esto es la denominada curva de aprendizaje, y cada materia, ya sea deportiva, profesional o de estudio, la tiene. Cada una a su manera, más duras o suaves al principio, más cortas o largas y más o menos peligrosas. Pero lo que está claro es que las primeras 20 horas son las más difíciles, y a partir de ese tiempo de esfuerzo y dedicación, tu cerebro y tu cuerpo comienzan a asimilar la práctica y la dificultad disminuye considerablemente.
Si quieres dominar una nueva habilidad, y quieres hacerlo en muy poco tiempo, debes romper algunas barreras, las barreras mentalesSuperar tus límites es hacer algo para lo que crees que no estás preparado. Es demostrarte a ti mismo que no importa lo que pienses, sino lo que hagas. Porque en la vida nunca vamos a estar preparados para hacer algo nuevo. Cuando nuestros padres nos quitaron por primera vez los ruedines de la bici no lo estábamos, cuando alguien decide tener un hijo, comprarse una casa o montar una empresa, tampoco lo está. No podemos estar preparados para situaciones que no hemos vivido. Pero no dejes que eso te frene, da igual si no estás seguro, hazlo, eso significa que estarás abrazando la incomodidad.

Las pautas para desarrollar habilidades

A modo de resumen, te dejo las directrices que seguir para poder desarrollar habilidades en tiempo récord.

1. Desconéctate de las redes sociales. Te ayudará a pensar sobre lo que quieres, sobre quién eres, y te dará la posibilidad de fortalecer y entrenar tu concentración.

2. Sigue las reglas para dominar el «Deep Work», la forma más productiva e inteligente de estudiar o trabajar.

3. No pongas barreras a tus habilidades, si no te sientes preparado para hacer algo, no huyas, abraza la incomodidad, es el único camino.

4. Comprende la ecuación de la curva de aprendizaje: horas dedicadas / dificultad de desarrollo. No hay momento más difícil que las primeras horas, ni momento más sencillo que las últimas.

5. Cree en ti. Esta es la norma que deberías aplicar a todos los campos de tu vida. Porque si tú no lo haces, ¿quién crees que va a hacerlo?

Cómo afrontar 2017 para que sea mejor que nunca

Tiempo de lectura: 10 minutos

Una piedra, como la de mi mano, primero estuvo en el suelo.
El distraído tropezó con ella.
El ocupado la ignoró.
El violento la usó como proyectil.
El emprendedor consiguió venderla.
Kafka escribió sobre su soledad.
Sísifo la llevó hasta la cima de la montaña.
David derrotó con ella a Goliat.
Michelangelo la transformó en una bella escultura.

En todos los casos, la piedra fue la misma.
En todos los casos, la diferencia estuvo en el hombre.

2017 es el mismo año para todos.
Depende de ti cómo afrontarlo.

Afrontar el 2017 y no morir en el intento

Es fácil estar estancado y no darse cuenta de ello. Como un pez en un estanque, siempre en movimiento sin ir a ninguna parte; devorado por una rutina mundana que te mantiene donde estás, sin mejora. A diferencia de los peces, tenemos la capacidad de ser conscientes de nuestro alrededor, y de hacer algo al respecto. Sin embargo, la mayoría sólo vigilan dónde ponen el pie, sin prestar atención hacia donde le dirigen sus pasos.

pies-descalzos-sobre-arena

El cambio de año ayuda a mirar con retrospectiva el camino que has recorrido, si has avanzado hacia donde querías, si sigues perdido buscando un rumbo o si, a pesar de tus esfuerzos, tus pasos no te han llevado donde quieres. Cambiar de año es la excusa perfecta para empezar a ser la persona que te gustaría ser. Es como pintar sobre un lienzo en blanco, escribir una nueva página de tu vida. Esta nueva hoja está limpia de manchas y errores, y está deseando que hagas de ella algo memorable, para que cuando acabe el año, la contemples y sientas orgullo de la obra ahí plasmada. Pero de nada sirve pintar de forma abstracta, no eres Kandinski. Necesitas un propósito, una meta, sólo entonces podrás construir tu camino. 

Encontrar el propósito de tu vida no es fácil, como dijo Mark Twain, «los dos días más importantes de tu vida son el día que naces y el día que descubres para qué». Si estás leyendo esto con la esperanza de encontrar el sentido de la vida, saber adónde vamos, me temo que te has equivocado de lugar, que esto no es un templo oculto en el Himalaya y yo no soy el Dalai Lama. Hay tantas formas de vivir y la felicidad tiene tantas maneras de existir como personas hay en el mundo. Pero sí puedo contarte lo que a mí me ayudó a descubrir, no sé si el sentido de la vida, pero sí el objetivo de mis actuales días, porque nada es para siempre y, al igual que el mundo, nosotros también cambiamos. Puede que lo que te haga feliz hoy deje de hacerlo en un tiempo. Somos inconformistas por naturaleza, unos más que otros, pero inconformistas, al fin y al cabo. Y así debe ser. Conformarse es el verbo favorito de los mediocres, de los que se rinden ante las dificultades, de quienes no saborean la victoria, porque nunca arriesgan.

Para ver el camino con nitidez hay que disipar la niebla

Las dudas que más lectores me han presentado es: «quiero hacer algo con mi vida, pero no sé el qué», «quiero emprender, montar algo, dar un giro a mi vida, pero no sé cómo», «quiero cambiar mi situación actual, ¿qué tengo qué hacer?». Nosce te ipsum, muy fácil de decir, ¿eh? ¿Pero cómo se hace eso? Imagina tres barcos en el medio del océano. Uno de ellos, desprovisto de brújula y mapas, se mueve sin rumbo. Otro, sabe exactamente hacia donde debe ir y pone toda la maquinaria en esa dirección, sin percatarse de que tiene el ancla echada. El último sigue las directrices de un mapa antiguo, un mapa del cual no se sabe quién lo trajo o de dónde salió.

El primer barco no llegará a ningún destino, pero se llenará de historias, aprendizajes, anécdotas y experiencia.

El segundo se esforzará en vano, no vivirá muchas cosas nuevas y se frustrará creyendo que el océano es demasiado grande.

El tercero llegará al destino, pero allí no hay nada más que agua. Perseguía el sueño de otros, no el suyo.

Como vemos, el primer y tercer navío, a pesar de no conseguir sus objetivos, crecieron en cierta medida. Sin embargo, la segunda embarcación, a pesar de tener muy claro qué hacer y hacia dónde ir, no consiguió moverse. Lo primero que tenemos que revisar es qué clase de anclas tenemos. Esas anclas pueden ser miedos, comodidades y excusas. ¿Cómo saber si tienes un ancla?

7 señales de que tienes un ancla que te impide avanzar

anclado-en-el-pasado

1. Estás atrapado en el pasado

Si tus recuerdos son más importantes que tus sueños, sólo pueden pasar dos cosas: o tienes 90 años o te estás engañando a ti mismo. Los recuerdos son tesoros, y como tales, se almacenan, no se llevan encima. Viaja ligero, los recuerdos no desaparecerán, pero si los arrastras en cada viaje, en cada mudanza, en cada decisión, no podrás moverte. Crecer es ir perdiendo cosas, gente, y formas de pensar. 

2. Inviertes demasiado tiempo en otra realidad

Conocí a un tipo que estaba enamorado de una chica sin saber su nombre. Cada noche la seducía y conquistaba con respuestas ingeniosas, cada noche le hacía el amor como el mejor de los amantes, cada noche le contaba sus secretos como una flor que se abre. Pero sólo eran sueños. El miedo al fracaso le impedía ir a hablar con ella. Creyó que soñarla era suficiente, y ansiaba el momento de ir a dormir para poder verla. Lo había soñado tantas veces que olvidó que podría intentarlo en el mundo real. Sus deseos no eran más que una ilusión. Una ilusión que le hacía sentir bien. A otros les pasa con el dinero, con tener el cuerpo perfecto o ser populares en algo. Dedican tanto tiempo a soñarlo que olvidan que pueden lograrlo.

3. Tu comodidad te impide hacer lo que quieres

Es muy fácil querer cambiar algo, pero no tanto hacerlo. «Quiero salir a correr», pero en casa se está muy bien. «Quiero comenzar a escribir», pero primero veré la tele. Normalmente, lo que más miedo nos da hacer, es lo que más necesitamos.

4. No recuerdas la última vez que algo te emocionó

No hablo de la película «Un monstruo viene a verme», hablo de emocionarte con algo que estabas haciendo. Tú, por ti mismo. Hablo de pasión, de olvidarte de lo demás y centrarte tanto en algo que olvides mirar las notificaciones de tu móvil, hablo de sentir esa euforia que sólo nace lejos de la rutina.

5. Te aburres con demasiada frecuencia

Fui a tomar una cerveza con alguien, y mientras ella estaba en el baño, casi inconscientemente saqué el iPhone, hice el recorrido rápido de Instagram, WhatsApp, LinkedIn, Correo y Facebook y lo guardé. Pero me pregunté, ¿qué hacía la gente antes cuando la otra persona iba al aseo? Pregúntate ahora, qué haces después de cenar cuando no sabes qué hacer. Si no tuvieras móvil, ¿qué harías? ¿Aburrirte? Si no lo sabes, es una señal clara de que hay un vacío por llenar.

6. Todas las semanas parecen iguales

Tu vida está marcada por el calendario. Las únicas cosas nuevas que pasan en tu vida ocurren porque es Navidad, Año Nuevo, Carnaval, San Juan… Pero no porque tú estés haciendo nada al respecto. ¿Qué nuevo tienes para contar de esta última semana? ¿Qué has aprendido? ¿Qué has hecho que sea memorable? Sin variedad la vida se sume en la monotonía. Con aleatoriedad, se viste de seda y oro.

7. Normalmente te sientes cansado

Cumplir con tus obligaciones, ya sean laborales, familiares o de otra índole; son la excusa perfecta para no sentirte mal cuando te repites el cansancio que tienes. Tienes que ir a hacer algo más, pero ya has cumplido con el mínimo y te escondes bajo el lema «ya he hecho lo que tenía que hacer hoy». Has sido capaz de aguantar horas y horas de fiesta, te has levantado de madrugada como un resorte para coger el vuelo que daba comienzo a tu viaje. ¡No es cansancio! Es falta de motivación. El cansancio mental es tan peligroso que te hace creer que es físico. Y te anula.

Tengo un ancla, ¿qué hago ahora?

Si te sientes identificado con alguno de los puntos anteriores, es lo primero que deberás solucionar. La pregunta es cómo. Primero, deberás sincerarte contigo mismo y hacerte las preguntas correctas. No te preguntes qué estás dispuesto a hacer para conseguir ser la persona que quieres ser. Pregúntate qué estás dispuesto a perder. Qué estás dispuesto a dejar de hacer. ¿Te ves capaz de dejar atrás tu pasado? ¿De no inventar excusas? ¿De esforzarte y dejar atrás la pereza y el miedo? Coge papel y boli. En serio, para, no sigas leyendo. Te puede parecer una tontería o que te ves lo suficientemente capaz para recordar lo que vayas a escribir en el papel, pero es sólo una excusa más para no esforzarte y no cambiar. «Lo puedo escribir en el móvil», te seducirá la idea. Pero es tu cerebro que te está manipulando. ¿Dejar de hacer algo fácil como es leer para buscar cosas y escribir? ¡Escribir! Hace siglos que no lo hago, ¿cómo se cogía un bolígrafo? Demasiado esfuerzo. Si no eres capaz de hacer esto, ya puedes cerrar esta página, porque no va a servirte de nada. Necesito que tengas confianza en mí y pongas esfuerzo y tiempo de tu parte. ¿Hay trato?

5 pasos para cumplir tus propósitos de 2017

lista-de-objetivos-2017

1. Escribe cosas que te gustaría hacer

Sin orden de prioridad y sin pensar demasiado, tal y como te vengan a la mente. En 2016 me propuse completar un cubo de Rubik, por ejemplo. No busques objetivos que cambian la vida por completo, deja que fluya tu imaginación. Una vez las escribas, pregúntate por qué y escribe la respuesta. Verás que conforme te vayas contestando, te irás conociendo mejor, es como si la escritura descubriera una parte de ti que no conocías, o de la que ya no te acordabas. Una meta sin una razón es un propósito sin sentido.

2. Ahora sé más específico

Si has escrito que quieres bajar peso, pon cuánto peso quieres y de qué forma te gustaría hacerlo. Es importante que sea de la forma en que te gustaría, en lugar del modo más rápido en que lo vas a conseguir o como más se recomienda. Si lo haces de la forma en que te gusta necesitarás menos motivación para lograrlo, porque sólo por el hecho de hacerlo ya te hará feliz. Así que piensa si te gustaría con deporte en equipo, saliendo a correr por tu cuenta, en clases con un profesor, etc. Especifica cada punto y, al contrario de lo que muchos aconsejan, no pongas fechas, a no ser que sea totalmente necesaria, por ejemplo: «quiero subir a una carroza en Carnaval».

3. Divide cada objetivo en tres columnas

En la primera pon NECESITO, y ahí pon las herramientas, dinero o cosas previas para poder comenzar. Importante, sólo para comenzar.

En la segunda columna pon INVIERTO. Calcula cuánto tiempo diario destinarás a eso para poder conseguirlo. Súmale un 40% en concepto de imprevistos. ¿Lo harás todos los días o solo de lunes a viernes? Para que te hagas una idea de lo que conseguirás a largo plazo, multiplica por 365 si crees que no fallarás ningún día (permite que me ría) o por 225 si los fines de semana y festivos dedicarás menos o nada. Dedicando 40 minutos diarios, cuatro días a la semana, a estudiar inglés, al acabar al año serán 140 horas, casi como un Máster Universitario.

Tercera columna: SACRIFICO. Asusta solo de escribirlo, ¿eh? La materia ni se crea ni se destruye, no es diferente para nosotros. Si quieres correr una maratón, tendrás que dejar de fumar, si quieres leer un libro a la semana, a lo mejor tendrás que dejar de lado un poco la televisión y el cine, aunque sea doloroso. Analiza tu día a día y mira cómo reajustar tu horario para poder cumplir con tus objetivos. ¿Sacrificarás horas de sueño? ¿De Facebook? ¿De perder tiempo con cualquier distracción? Eso depende de ti.

4. Solucionar la columa NECESITO

Establece un plan para conseguir solucionar cada una de las necesidades requeridas. ¿Necesito guantes de boxeo? ¿Un mínimo de alemán? ¿Más tiempo? Céntrate en cada punto y busca cómo conseguir eso para poder ponerte en marcha. Si necesitas aprender a nadar, por ejemplo, tu modo de actuar será calcular el dinero que necesitas para apuntarte a clases de natación, si no te lo puedes permitir, buscar cómo ahorrar esa cantidad o, buscar una alternativa como pedirle a alguien que te enseñe en la playa. Por cada objetivo, quedaría algo como esto.

lista-de-propositos-2017

5. Comienza a hacer

Último paso. Haz. Muévete. Levántate de la cama. Haz. El éxito se mide en acciones, no en pensamientos. Todo esto está muy bien, pero si no haces nada al respecto solo habrá sido un ejercicio que te hará frustrar más, porque saber lo que tienes que hacer y no hacerlo es casi peor que no saber qué tienes que hacer. Aquí es donde estás tú contra ti mismo. El duelo por antonomasia. Si te cuesta horrores dar el primer paso, léete mi artículo sobre cómo aumentar la fuerza de voluntad y eliminar la pereza. Al principio es difícil, pero con constancia todo irá sobre ruedas.

Esta lista se debe convertir en tu guía. Decórala, pásala a ordenador, ponle flores o haz lo que quieras. Lo único necesario es ponerla al lado de tu cama o en algún sitio de fácil acceso. Leerla te consumirá 5 minutos como máximo, si la lees cada día al despertarte acabarás interiorizándola. Entiende que los cambios que quieres llevar en tu vida comienzan ahí. Si te preguntas de qué te va a servir leerla cada día, te diré que de mucho si luego haces cosas al respecto y de nada si la vuelves a dejar donde estaba. Los cambios en la vida no son independientes, es todo una mezcla de actitudes. Deberás generar hábitos que te ayuden a eliminar los malos hábitos. Con el tiempo, tu seguridad y confianza aumentarán, y esa nueva visión y ese nuevo «yo» te ayudará a encontrar tu pasión y entender el por qué del cambio.

Antes de que te des cuenta, tu estilo de vida habrá cambiado. Serás otra persona, tendrás otras prioridades, te interesarás por nuevos temas y tendrás nuevas metas. Cada vez más altas. Se empieza por aquí, por un boli y un papel, y poco a poco irás descubriéndote a ti mismo. Algunos no creerán en lo que haces, y te contarán historias de terror como que el 88% de las personas no cumplen con sus propósitos de año nuevo. Eso es cierto, pero no les hagas caso, si estás aquí es porque quieres ser del 12% restante. No se trata de ser mejor que nadie. Se trata de ser mejor que uno mismo. No hay nadie más valiente que quien conquista sus deseos, ya que la batalla más dura es la que se libra contra uno mismo.

7 Lecciones de emprendimiento que aprendí subiendo una montaña

Tiempo de lectura: 8 minutos

Siempre escucho que emprender es duro, que emprender es difícil. Impugno esa afirmación desde ya. El emprendimiento no es duro, lo duro es la vida, y aquí hay dos posibles escenarios: pasividad o actividad. [Read more…]

Aumenta la fuerza de voluntad y elimina la pereza

Tiempo de lectura: 9 minutos

«Quiero tener fuerza de voluntad», sí, muy bien, ¿pero acaso sabes qué es o cómo funciona? Hablamos de ella como si se pudiera comprar, como si pudiéramos ir a la farmacia y pedirla en cápsulas. Si no comprendes el funcionamiento de algo, será muy difícil hacerlo funcionar. Confundimos fuerza de voluntad con energía, con motivación, con sacrificio o con disciplina. Escogemos diferentes palabras para un mismo significado porque creemos que pronunciándolas sus diferentes mensajes serán nuestros. Pero somos engañados, nos dejan pensar que somos sus dueños, cuando en realidad somos sus esclavos.

El ser humano tiende a pensar que sabe más de lo que realmente sabe, que su opinión es más valiosa de lo que realmente es y que por el hecho de conocer algo, cree que lo entiende. Y cuando oímos una verdad diferente a la ya conocida, nos sorprendemos y abrimos los ojos ante esa nueva idea, o algunos —necios— los cierran descartándola por miedo a pensar de otra forma.

«Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la fuerza de voluntad.» — Albert Einstein

La fuerza de voluntad es un músculo. Como tu bíceps. Como tu cerebro.roy baumeister

Para que entiendas cómo funciona la fuerza de voluntad, debemos remontarnos a 1996, cuando en la Case Western University, el psicólogo Roy Baumeister realizó un experimento en busca del funcionamiento de este músculo. Allí, reclutaron a un grupo de sesenta y siete estudiantes a los que se les dijo que participarían en una prueba sobre memoria gustativa. Los alumnos llegaron en ayunas a un gran comedor donde tenían dos platos delante de sí, en uno, galletas con chocolate recién hechas que inundaban el salón con su olor y, en el otro, raíces amargas. Se pidió a la mitad del grupo que comiesen las galletas, y a la otra mitad, las raíces. Se les entregó un cuestionario que deberían rellenar al día siguiente, pero antes de eso, se les pidió participar en otra prueba, una prueba supuestamente sin relación alguna, aunque era el experimento real:

A cada uno de ellos se les entregó una hoja con varios problemas matemáticos que debían resolver sin límite de tiempo, aunque también eran libres de marcharse cuando quisieran. En realidad, aquellos problemas eran imposibles de resolver, por lo que la frustración de los alumnos hizo que uno a uno fuesen abandonando hasta que, treinta minutos más tarde, sólo quedaban cuatro. El profesor los hizo marchar.

Los alumnos que habían comido raíces habían abandonado la prueba mucho antes que los que habían comido galletas con chocolate. Éstos últimos llegaron hasta el final, agotando sus energías y siendo forzados a rendirse por el profesor. Los psicólogos que observaron esta conducta vieron que la fuerza de voluntad actuaba como un músculo, y que los que llegaron a la prueba matemática después de comer raíces mientras olían las galletas recién hechas, habían gastado casi toda su fuerza de voluntad. El músculo de la voluntad estaba agotado.

Con esta información sabemos que la fuerza de voluntad se agota y, por tanto, debemos saber muy bien cómo repartirla. Y ahora vayamos a lo más interesante, cómo aumentarla.

¿Sabéis por qué en el experimento los problemas no tenían solución? Porque solucionar uno de ellos hubiese enviado un estímulo de gratificación al cerebro y se hubieran liberado dopamina y oxitocina, lo que llevaría a aumentar tu nivel de motivación y dar más energía a tu fuerza de voluntad. Y ése es el secreto. Crear un vínculo de acción – estímulo – recompensa. Pero para realizar una acción, debe haber un porqué, ese porqué es nuestro propósito, y nadie más que tú sabe cuál es. Busca esa razón que te lleva a querer cambiar, que te pide responsabilizarte de ti mismo, que te exige mejorar. Una vez encuentres el motivo, despertarás la motivación. Motivación: motivo que lleva a la acción. Déjate impulsar por la motivación, pero no te dejes engañar, pues cuando su fuerza se va, te quedas solo. Sólo hay dos tipos de personas en esta vida, los que engañan y los que son engañados. Sé de los que engañan.

4 normas para aumentar tu fuerza de voluntad
 fuerza-de-voluntad

Yo era una de esas personas que se han apuntado más de diez veces a varios gimnasios, de los que se fumaba el último cigarro en la ventana diciéndome que iba a ser el último, de los que me organizaba la semana con tareas a hacer y no las cumplía, de los que me proponía escribir cada día un mínimo de una hora y acababa saliendo tres y cuatro noches a la semana. Yo era de esos que empezaba con mucho ímpetu y motivación nuevas acciones en busca de ser una versión mejorada de mí mismo, y a los dos meses volvía a estar como al principio. Acabé creyendo que era una persona débil y que mi naturaleza me llevaba a dejarme llevar por la pereza como las hojas son arrastradas por el viento del otoño calle abajo. Pero lo único que sucedía era que me dejaba arropar por la motivación y, cuando ésta desaparecía, se acababa todo. Lo que estaba pasando era que no entendía cómo funcionaba la fuerza de voluntad y sólo me dejaba llevar por la motivación. ¿Pero sabéis qué? Escribo estas líneas un lunes a las dos de la mañana, hago deporte cuatro veces por semana, he pasado de un 15,6% de grasa corporal a un 10,2%, madrugo sólo por el hecho de no perder el tiempo durmiendo horas que no necesito y no fumo. He pasado de salir cuatro veces a la semana a salir cuatro veces al mes —soy una persona muy social, no concibo una vida de sacrificio total—. Y mi vida no es más aburrida, sino todo lo contrario, es más intensa. Y lo mejor de todo, sin esfuerzo. Como una parte de mí, como un hábito. ¿Y cómo lo he conseguido? Engañando a mi sistema a través de cuatro reglas básicas:

  1. Allanar el camino.
  2. Hacer un mínimo.
  3. Repartir el esfuerzo.
  4. Recompensarse.

Conocedor de que la fuerza de voluntad es un músculo, lo traté como a tal. Si tienes que levantar una barra con cien kilos, aunque sea una vez, ¿qué harías? Tener paciencia. Levantar la cantidad que pueda sin que eso me tenga todo el día dolorido y sin poder hacer nada más. Así que levantaba cuarenta, diez veces. Con el tiempo he conseguido levantar ochenta, aún no tengo el cien, pero ya llegará, y si no llega, sigo estando orgulloso de los ochenta. Con la fuerza de voluntad pasa exactamente lo mismo. Quieres dejar de fumar, conseguir un mejor cuerpo y acercarte más a tus metas, así que abandonas los cigarrillos, te apuntas a un gimnasio a machacarte una hora mientras te alimentas a base de pollo a la plancha y, cada noche antes de ir a dormir, lees y estudias inglés. So. Frena. Puede que la motivación te lleve a hacerlo con un entusiasmo espectacular durante una semana, dos o hasta un mes. Pero después habrá días que no entrenes, porque estás cansado y tú mismo te dices que necesitas un descanso y, ya que no has hecho ejercicio, tomemos ese día como un día libre, en el que te comerás un helado mientras ves la televisión. La semana siguiente serán dos días, precisamente los del fin de semana, y después habrán más días de descanso que días de trabajo en uno mismo. Finalmente, estarás en casa lamentándote de tu naturaleza o diciéndote que la mala vida es en verdad la buena vida, mientras sigues pagando cuota del gimnasio, claro. Pero para el uno de enero, todo cambiará. Y así te vas a la cama engañándote a ti mismo, diciéndote lo que quieres ser y fantaseando con lo que tendrás, susurrándote mentiras que serán como caricias para un perro al que han maltratado. Engaña a tu propio sistema y domina tu mente, poco a poco tu fuerza de voluntad crecerá. Haz uso de las cuatro reglas:

  1. Allanar el camino conlleva tomar pequeñas acciones molestas que evitan que se genera un gran obstáculo. Sería recoger y limpiar la casa según se va desordenando y ensuciando y no esperar a que sea un desastre para ponerte manos a la obra. Puede que la lógica te diga: «es mejor dedicar un par de horas o tres un día a la semana, así optimizo el tiempo». Pero no es la lógica quien te habla, es la pereza. La lógica te diría «si cada día te lavas los dientes, al final ese acto se convierte en hábito y no requiere ningún esfuerzo, por lo que tu dentadura estará sana sin ningún tipo de esfuerzo».
  2. Hacer un mínimo significa que, si te has propuesto madrugar y salir a correr todas las mañanas y, esa mañana estás muy cansado como para hacerlo, no lo hagas. Pero haz un mínimo, levántate de la cama y lávate la cara, eso no requiere apenas esfuerzo. Hacerlo te dará un pequeño estímulo de recompensa que alimentará tu motivación (ésta es la razón de que los problemas del experimento no se pudieran resolver, para que la motivación no alimente a la fuerza de voluntad), aunque sigues cansado y no vas a salir, quizá puedes hacer otro mínimo que es ponerte la ropa de deporte que preparaste la noche anterior (punto 1). Quizá te desvistas y te duermas, pero tu cerebro ya asimila que hay una rutina matutina. O quizá otro estímulo te haga ponerte las zapatillas, y quizá otro salir a caminar cinco minutos… No se sabrá hasta que lo pruebes, pero si estás en la cama, te puedo predecir el resultado, dormirás. Y cuando te levantes te sentirás mal contigo mismo, y como ese día ya ha empezado mal, no desayunarás lo que te propusiste, porque estás desmotivado. Estás decepcionado contigo mismo.
  3. Repartir el esfuerzo es, no tomar todas las acciones al mismo tiempo. Recuerda, si comes raíces no durarás mucho resolviendo problemas matemáticos. Si dejas de fumar, entrena poco, porque si a la noche quieres estudiar no podrás concentrarte pensando en el tabaco. Si comienzas una dieta para adelgazar, no te machaques demasiado con inglés, pues tu fuerza está agotada y creerás que no se te da bien ese idioma.
  4. Recompensarse. Hay muchas formas. ¿Dos semanas sin fumar y quieres comprarte algo con lo que has ahorrado? Adelante. ¿Has conseguido bajar esos cinco kilos? Sal con tus amigos a celebrarlo. ¿Has salido a correr durante dos semanas? Te mereces un día de spa.

Controlando al enemigo, doblegando a la perezaacedia

Ya sabemos qué es la fuerza de voluntad, ahora hay que saber qué es exactamente su enemigo, la pereza.
La pereza es el más metafísico de los siete pecados capitales. Proveniente del latín, «acidia», es un estado de letargo que impide desarrollar la capacidad de tomar conciencia de cuál es nuestra posición y condición en el mundo. Definida como una enfermedad que impedía al sujeto realizar las obligaciones oportunas para mejorar su propia vida. La pereza era equiparada a una depresión, a una tristeza de ánimo que apartaba a las personas del desarrollo personal a causa de los obstáculos y dificultades que se encuentran en la vida.

La pereza ha pasado de ser tratada como una enfermedad a ser considerada una excusa. Incluso a veces es confundida con el descanso, que nada tiene que ver. El descanso es una parte importante para el cuerpo, tanto para la recuperación de fibras musculares como para la asimilación de información por parte del cerebro. Pero la pereza es otra historia. La pereza es dañina, la pereza es la forma en la que uno se sabotea a sí mismo. Es una enfermedad, y como toda enfermedad, hay que erradicarla. La pereza nace de tus dudas. Cuando estás en la cama y piensas que tienes que hacer algo, lo primero que te preguntará la pereza será «¿para qué?». Si no tienes claros tus objetivos, tus motivaciones y las acciones que has de tomar darás pie a que  encuentre resquicios en tu voluntad y te haga ese tipo de preguntas. Sin embargo, si  tienes claro lo que quieres, cómo lo que quieres y en quién te convertirás cuando lo consigas, la pereza sólo aparecerá espontáneamente, y cada vez de forma más débil. Quizá trate de distraerte y, a veces lo conseguirá. Es entonces cuando deberás aplicar las cuatro reglas. Ten continuidad y estas pequeñas acciones acabarán convirtiéndose en rutinas que no agotarán tu fuerza de voluntad y, con el tiempo, en un hábito, en una parte de ti. Cuando conviertes acciones en hábitos, la pereza no entra en juego.

Luchar contra la pereza es luchar contra uno mismo, enfrentarse a la naturaleza viciosa y ociosa del ser humano. A todos nos gusta dormir, tirarnos en el sofá y, de una forma u otra, perder el tiempo. Pero el tiempo no está sujeto a las leyes del hombre, no te esperará, no te ayudará, no correrá a tu favor. El tiempo es impasible e indiferente, y el único que puede darle el valor suficiente eres tú. Mucha gente duerme esperando que mañana sea mejor, y sus vidas raras veces cambian. Otras, sin embargo, se despiertan y se esfuerzan para que el hoy sea mejor, sacrificando lo que son por lo que quieren ser. Tienen fuerza de voluntad para mejorar su vida, para conseguir sus propósitos, para convertirse en la persona que siempre han anhelado ser.

Con fuerza de voluntad uno puede conseguir cualquier cosa. Con fuerza de voluntad, uno incluso puede conquistar su propio destino, ya que nuestro porvenir no está escrito en las estrellas, sino en la voluntad y en la fuerza dentro de nosotros.

El largo camino hacia el éxito

Tiempo de lectura: 6 minutos

El camino hacia el éxito no son sólo los cincuenta metros de largo de una piscina olímpica, sino las decenas de miles de veces que se han cruzado anteriormente. Pero la conclusión a la que llegamos muchos de nosotros, es que para conseguir ser como Michael Phelps, sólo habría que cruzar esa distancia más rápidamente, obviando todo lo que hay detrás, que se puede resumir con esta frase del campeón de la natación: «no recuerdo cuál fue el último día que no entrené».

puente-blanco-negroSi te pregunto qué tiempo hará mañana, probablemente acudas a internet en busca de una respuesta inmediata que resuelva la duda, que elimine ese desconocimiento. Si necesitas saber qué trayecto hacer para ir a una nueva ciudad, una vez más, las herramientas que hay en internet resolverán tus dudas. Estamos viviendo una era que nos brinda cientos de oportunidades, pero también nos hace vivir acelerados, nos hace creer que el tiempo se evapora con más rapidez, nos exige a vivir en la inmediatez. Esa prisa, esa celeridad, la aplicamos en otras áreas de nuestra vida; como en el amor, en el trabajo, en la salud… o en el éxito. Son tantas las películas y las historias que conocemos en las que alguien consigue el ansiado éxito en un abrir y cerrar de ojos que hemos olvidado la realidad detrás de este camino: el camino hacia el éxito es largo, es lento, es intenso, es hermoso.
Hemos dejado de mirar hacia las nubes en busca de la predicción meteorológica, hemos decidido seguir carreteras leyendo carteles sin la oportunidad de perdernos por nuevos y menos concurridos parajes. Estamos tan ensimismados tratando de buscar la respuesta que olvidamos que lo más importante es la pregunta. Dale a alguien la respuesta a una duda y sólo le estarás ofreciendo información. Permite que la busque por sí mismo, que se pierda en ella, que desista de buscarla y vuelva con más fuerza, con rabia, con el orgullo herido. Deja que viaje, que busque su verdad y que… quizá, nunca halle la respuesta. Pues son las preguntas sin respuesta las que más nos enseñan, ya que son las que más tiempo nos dejan en el camino. Y es el camino nuestro maestro, quien nos instruye, quien nos desarrolla. El destino te enseña algo, el camino todo. Pero el camino hacia el éxito ha sido prostituido miles de veces por películas y noticias de casos de éxito aislados en los que, o deforman la realidad haciendo creer que el éxito nació en un abrir y cerrar de ojos, o que realmente nos encontramos ante ese caso de éxito de uno entre un millón. Ese unicornio, esa rara especie que está en las mentes de todos, pero que nadie puede atrapar. No es así como funciona el éxito. El éxito no es un unicornio, es un formidable caballo. El éxito es ese caballo ganador de melena reluciente, una grupa musculosa y unas patas fuertes e intimidatorias. El éxito es ese ejemplar que para llegar a ser lo que es, ha crecido, ha sido bien alimentado, adiestrado y entrenado, y todo ello no se consigue de la noche a la mañana. Todo ello ha requerido un largo tiempo, una preparación a medida, un plan de consecución y la ambición y motivación para lograrlo.

entrenar-al-amanecer

Vivimos en la era de la inmediatez, donde cada acción debe desempeñar un resultado conciso, o nos cansaremos rápido. Nadie lee artículos titulados «consigue unos abdominales perfectos en un año de trabajo y comida saludable», no. La gente busca «cómo tener abdominales en tres semanas». Todos quieren oler a éxito, pero nadie quiere sudar primero. Es ante la falta de resultados cuando la gran mayoría abandona, cuando dejan de creer en ellos mismos. Ya no existe la paciencia, sólo la inmediatez. Y así, no se puede llegar lejos.
La sociedad parece abocada a una sensación de tiempo insuficiente, de ir corriendo hacia todos los lados sin llegar nunca a avanzar lo suficiente por el camino que ha de llevarlo a cumplir sus propósitos. Parecemos estar sumidos en un frenético vaivén que nos hipnotiza e idiotiza. Eso se ve gráficamente en la carretera:
Yo soy de esas personas que disfruta de la conducción, de los que va a una velocidad cercana a la recomendada a las señales de tráfico, pero que para gran parte del resto de mortales, es ir lento. Y es que me gusta disfrutar de los caminos que transito, ir sin prisas, pensar mientras conduzco, mirar señales, carteles, calles, publicidad y, sobre todo, ver el comportamiento de aquellos que están totalmente sumergidos en esa debacle acelerada que llamamos mundo moderno, donde no hay tiempo para la pausa, donde no hay momento para la reflexión. Observo a todos esos pilotos agresivos y enfadados, con tanta impaciencia por disfrutar el después que se olvidan de gozar del ahora. Y así no se puede vivir. Sin reflexión no hay preguntas, sin preguntas no hay camino, sin camino no hay desarrollo personal, y sin ello, no hay éxito posible.

caballo-melena

¿Quieres tener éxito? Comienza a alejarte del bullicio de la multitud para poder conocer quién eres realmente. Sólo cuando todos los caminos están intransitados, podrás decidir libremente cuál es el camino que puedes tomar. Para tener éxito debes dejar de seguir los pasos de la multitud y marcar los tuyos propios. Distánciate para ganar una mejor perspectiva de tu vida.
¿Quieres ser la mejor versión de ti mismo? Reflexiona en busca de nuevas preguntas sobre ti, qué anhelas, qué te mueve, cuáles son tus ambiciones. Las preguntas son el primer paso, pero si no das más pasos en busca de las respuestas no te moverás del sitio. Atrévete a coger el camino en el que te hallarás a ti mismo. Elimina el miedo.
¿Quieres saber cuáles son las preguntas que más te dirán sobre ti? Eso no te lo puedo decir, pero sí te diré una cosa: abre los ojos y observa, no basta con mirar. Medita, pregúntate porqué, investiga, sé escéptico, no aceptes cualquier verdad porque siempre haya sido así. Aceptar una verdad sin preguntarse nada al respecto es obedecer ciegamente. Y alguien que sólo obedece no puede crear. Y si estás leyendo esto es porque quieres crear tu propio camino, si estás disfrutando de estas líneas es porque estás cansado de ser uno más. Porque quieres demostrarte a ti mismo de lo que eres capaz. Porque sabes que puedes dar mucho más de lo que estás dando.

pasos-carretera

Camina, hazte preguntas, busca respuestas, revuelve tu interior en busca de lo que amas, en busca de lo que te llena. Atrévete a ir siempre un paso más lejos, sin miedo. Tú y tu objetivo estáis separados por el miedo, pero a cada paso que das, él recula, y cuando te das cuenta, ya no está. El camino hacia el éxito es largo, pero no es tan sacrificado como nos quieren hacer creer, puesto que cada uno de los pasos que se da nos enseña algo. Cada pisada te hace crecer, por eso a los que han conseguido el éxito los ven como gigantes.
Habrá momentos difíciles en los que dudarás de lo que estás haciendo, en los que nadie creerá en ti, pero será entonces el momento de demostrar que tú sí crees y que nada puede pararte, porque estás convencido de que lo puedes lograr. Deja que sea tu ambición la que hable por ti. No tengas miedo de soñar en grande, no te conformes. Conformarse es el verbo favorito de los mediocres.
Reafirma cada uno de tus pasos con disciplina, constancia y optimismo. Habla contigo mismo y reflexiona hacia dónde ir, piensa sobre quién quieres ser. ¿Viviendo en la época que más oportunidades hay de ser quien quieres ser vas a conformarte con ser lo que puedas? No. No quieres conformarte, no quieres ser uno más. De pequeño no soñabas con tener un trabajo mediocre, con una casa mediocre, rodeado de personas mediocres y viviendo una vida mediocre. Soñaste que querías ser alguien, pero parece que con el tiempo se te olvidó. Busca de nuevo dentro de ti, desempolva tus recuerdos y pregúntate: «¿Qué día fue el que renuncié a vivir una vida extraordinaria?» 

Cómo encontrar tu pasión. Recuerda quién eres.

Tiempo de lectura: 9 minutos

Demasiadas personas confunden pasión con vocación. Si quieres saber cómo encontrar tu pasión, primero lee estas sabias palabras por parte del CEO de Amazon.

«Uno de los mayores errores que se cometen es provocar un entusiasmo forzado. Uno no elige su pasión, las pasiones lo eligen a uno» — Jeff Bezos.

No hay nada más real que las emociones. No se pueden fingir, no se pueden falsificar; simplemente aparecen. No hay nada más humano que una emoción, nada está tan ligado a la vida como una pasión. Hay una sencilla razón por la cual las máquinas no pueden sustituir a los seres humanos, porque son unos trabajadores perfectamente adiestrados y desapasionados. El mundo se construye con trabajo, pero se crea con pasión. Cada día, observo a mi alrededor y veo a cientos de personas que enterraron sus pasiones con la promesa de retomarlas cuando fuese el momento, pero ese momento nunca llega y las olvidan. Olvidan su sentido. Olvidan quiénes son.

La pasión es la chispa que activa nuestro sistema y nos da la energía necesaria para perseverar en buscar nuestros propósitos. Abandonarla es renunciar a nuestras metas. Todos tenemos un camino a seguir en nuestras vidas. Debemos sentirnos afortunados de que todos podemos decidir libremente qué senderos escoger. Nuestros antepasados habrían dado cualquier cosa por tener esta libertad, a ellos, desde el día de su nacimiento se les decía hasta dónde podían llegar, hoy en día, el único límite nos lo imponemos nosotros mismos. ¿Hasta dónde quieres llegar? ¿Qué te impide alcanzarlo? Nosotros mismos.

Imagina que el camino de tu vida transcurre por un bosque oscuro, repleto de árboles que te privan de la luz y lleno de sonidos amenazantes. La pasión es como una antorcha que nos ilumina el camino, y cuanto más la alimentes, más crecerá. Pero hay un precio a pagar: tu llama se verá desde cualquier parte y todo lo que haya a tu alrededor se girará para observarte. Tu luz despertará envidias y enemistades, pero también admiración y orgullo. Algunos buscarán el cobijo de tu llama y otros tratarán de apagarla. Para avivar la llama deberás enfrentarte a la incomodidad, luchar contra tus miedos y desarrollar tu potencial, sólo así, podrás apreciar la belleza del bosque.

Cuando ser diferente pasa de ser normal a ser inusual, la mediocridad se convierte en una meta aspiracional

niño-corriendo-por-el-campo

Lamentablemente, la gran mayoría escoge renunciar a la pasión. De este modo pasan por su camino desapercibidos, sin tener que enfrentarse a lo que los asusta. Escogen la comodidad del anonimato al abrigo de la oscuridad. Creen que no tienen ningún papel que cumplir, que sólo los elegidos son quienes podrán iluminar los árboles y caminos. pero todos somos capaces de hacerlo. Nacimos para brillar, no para ocultarnos. No hagas que ocultarse sea tu estilo de vida. No convirtamos el anonimato en normalidad. Naciste original, no te conviertas en una copia más. No permitas que la sociedad apague el fuego que tanto prendía cuando eras un niño. Y ahí es a donde debemos viajar, a la infancia, el momento en que nuestras pasiones se nos revelaron con claridad. En la edad adulta, la pasión no siempre se presenta de una forma evidente y cuanto más tiempo ha pasado desde que la dejamos dormir, más difícil es reconocerla cuando despierta. Algunos incluso mueren sin volver a verlas, y una vida sin pasión es una vida sin sentido. Vivir sin motivación es vivir en vano.

Cuando éramos pequeños nos dejábamos llevar, éramos aventureros y estábamos lleno de sueños. Un día queríamos ser veterinarios, y al siguiente astronautas, teníamos cientos de ideas, pero era más importante lo que no teníamos: miedo al fracaso. El miedo al fracaso es algo cultural, algo que hace siglos no existía. Es la sociedad quien lo ha instaurado, de este modo somos más fáciles de controlar; cuanto más nos parezcamos más fácil será diseñar un producto para nosotros. Un niño no teme fracasar, un niño no teme que su carrera deportiva se trunque por una lesión, ni que su empresa de sándwiches con sabor a galleta no tenga las ventas esperadas. Sin miedo al fracaso, tu pasión despertará tu motivación e impulsará tu maquinaria interna y te llevará a las cotas más altas que jamás hayas imaginado. Transpórtate a tu infancia, ¿qué te gustaba hacer?, ¿qué disparaba tu creatividad y despertaba tu curiosidad? ¿Qué solías hacer cuando estabas solo, en el propio universo que habías creado? ¿Qué hacías tan bien que obligaba a los demás a que se giraran para verte e incluso te pedían que lo hicieras?

Las pasiones pueden cambiar y evolucionar, crecen como las ramas de un árbol y sólo vemos la superficie de las hojas. Mira más allá y llega a la base del árbol, muchos sucesos pasados sólo tienen sentido en el futuro. Soñar con ser astronauta puede revelar una pasión por la astronomía o por la ingeniería aeronáutica, y una fábrica de galletas pudo ser la detección de una necesidad para un tipo de cliente, lo que revela una actitud emprendedora. ¿En qué aspectos destacabas? ¿En hacer amistades, en correr, en estudiar? ¿Qué hacías con suma facilidad y mejor que la persona promedio? ¿Qué actividades realizabas con las que perdías la noción del tiempo? Coge un papel y contesta estas preguntas basadas en tu infancia, este ejercicio hay que realizarlo antes de comenzar a contestar a las preguntas de tu vida adulta, primero necesitas despojarte del miedo.

El silencio es la única vía de comunicación con nosotros mismos. Sólo tú puedes enseñarte a vencer el miedo

arbol-centenario-tranquilidad

Cuando la pasión llama a tu puerta y no oyes la llamada, algo se activa dentro de ti. Tus actos y tus pensamientos no irán en sintonía, sentirás que algo te está llamando, pero no sabes —o mejor dicho, no quieres saber— qué es. La frustración se hará dueña de tu día a día y, lentamente, una duda existencial crecerá dentro de ti. La pasión te está llamando, pero tus miedos te impiden dejarla entrar. El miedo es parte de nuestra naturaleza, no se puede eliminar, pero sí transformar. Utiliza el miedo como adrenalina, úsalo como impulso. La clave es conseguir que no nos paralice. El miedo es un muro que se nos pone en el camino, y detrás de éste aguardan nuestros sueños más preciados.

Tenemos miedo a ahondar en nosotros mismos para conocernos, nos colocamos barreras para no oír nuestra propia voz. He estado presente numerosas veces de un fenómeno peculiar: gente quejándose de que en la televisión no echa nada interesante, pero aún así la dejan encendida. Prefieren mantener el cerebro desconectado. El ruido exterior acallará su voz interior. Las conversaciones con nosotros mismos son incómodas y preferimos evitarlas. El éxito se puede medir por la cantidad de conversaciones incómodas que estamos dispuestos a soportar. Huye del ruido externo, deja el móvil en casa y busca un lugar tranquilo, lejos de distracciones. La naturaleza suele ser generosa con quienes la visitan en busca de respuestas. Descálzate, túmbate sobre el suelo y conecta con el mundo.

Nos da miedo hablar con nosotros mismos porque nuestro «yo» interno nos dirá lo que necesitamos para ser felices y puede que no tengamos la suficiente valentía para dárselo. Nos da miedo descubrir el potencial que tenemos en nuestro interior porque eso conlleva asumir la responsabilidad de sabernos dueños de nuestro propio destino. Conlleva dejar de culpar al mundo y coger las riendas de nuestra vida. Después de descubrir nuestros anhelos ya no habrá vuelta atrás, perderemos la excusa de no saber qué queremos, y si no damos los pasos en dirección a nuestra felicidad, sabremos que nos hemos traicionado a nosotros mismos. Se requiere disciplina, coraje y sacrificio para estar dispuestos a corregir el rumbo. Se precisa de valentía para abandonar la zona de confort y explorar nuevos horizontes. Se necesita compromiso para abrazar la incomodidad. ¿Estás dispuesto a comprometerte contigo mismo? ¿Estás dispuesto a descubrir tus pasiones, a descubrirte?

La única forma de medir el éxito de una persona es a través de sus actos

hombre-en-la-cima-de-una-montaña

Hay pasiones más dormidas que otras, algunas afloran después de hablar con nosotros mismos, sin embargo, otras siguen enterradas bajo los miedos de preguntas no formuladas. El mayor temor detrás de toda pasión es: ¿Cómo voy a vivir de una pasión? ¿Es posible ganarse la vida haciendo simplemente lo que amo hacer? No te detengas ante esas preguntas porque volverás a guardar tus pasiones en un rincón, y cuando las recuperes serán como esas fotos antiguas y gastadas, llenas de polvo escondidas en un cajón, cada vez más descoloridas. Has arañado la superficie de lo que puedes llegar a ser, no vuelvas a esconderte, no dejes morir la llama.

Profesionalizar una pasión es el segundo paso del que hablaré en la siguiente entrada, pero no adelantemos acontecimientos. Paso a paso. No mires qué hacer con tus pasiones, no te abrumes pensando en cómo monetizarlas. Si antes de comenzar a hacer tú mismo te boicoteas, jamás conseguirás la meta ni superar el miedo. Lo importante es hacer, dar los primeros pasos fuera de la zona de confort. Haz pequeñas incursiones relacionadas con tus pasiones, con tus gustos e inclinaciones. Si te gusta la astronomía ve a un observatorio. Si te apasionan los animales, ve a ayudar a un refugio. Si amas el deporte, no te limites a verlo desde el sofá, practícalo. Desenvuélvete en nuevas áreas o reinventa las ya conocidas. Lo importante es hacer algo relacionado con lo que te gusta, de este modo tu pasión se presentará a ti en el momento oportuno.

Freddie Roach, hijo de un boxeador se inició en el mundo del boxeo por el amor que siente hacia ese deporte. Estaba seguro de que boxear era su pasión, y en 1978 debutó como profesional. Le diagnosticaron parkinson, pero continuó. Creía que había nacido para boxear. Pasó a ser entrenado por uno de los mejores entrenadores de la época, pero finalmente su carrera decayó. Acabó aceptando trabajos mal pagados para poder mantenerse y, desprovisto de toda pasión vivía en una frustración constante. Si el boxeo no era su pasión, ¿cuál era? Fue a ver cómo entrenaban nuevos púgiles en el gimnasio donde había comenzado, y comenzó a ayudarlos a mejorar. Se percató que el boxeo estaba cambiando y los boxeadores cada vez eran más rápidos. Con su experiencia como boxeador, diseñó un método de entrenamiento revolucionario para la fecha. Los púgiles combatían contra él en una especie de simulacro antes del combate real. Con los conocimientos recibidos de uno de los grandes entrenadores, su trayectoria como boxeador y su pasión por el boxeo, lo entendió todo. Había llegado incluso a dudar de si el boxeo era su pasión. Claro que lo era, pero su vocación no era boxear, sino entrenar. Así fue como con el tiempo se convirtió en lo que es hoy: Roach es uno de los entrenadores más conocidos del mundo, habiendo sido votado Entrenador del Año en 2003, 2006 y 2007. Actualmente es el entrenador de Manny Pacquiao.

Sé imparable. No dejes que nada te detenga, experimenta en los campos que te agradan hasta que tu pasión se revele más clara que nunca.

caminando-bajo-la-lluvia

Para ello debes emprender pequeñas acciones. Cada uno de estos actos serán como piezas de un puzle. Cuantos más pasos des, más piezas conseguirás y, cuando sea el momento, la imagen llegará a ti. Comenzarás a ver con claridad el dibujo y descubrirás qué te apasiona, y puede que sea algo que ni siquiera sabías. Lo digo por experiencia: Hace unos años, comencé a estudiar inglés para tener más opciones de crecer dentro de una multinacional y, debido a que mi nivel estaba por debajo del promedio de la clase, decidí salir de la zona de confort, viajaría a Londres diez días, totalmente solo, para tener que relacionarme sí o sí en inglés con mi entorno. Cuando volví, no sólo descubrí que mi nivel había mejorado de manera considerable, sino que también entendí que viajar solo ante un idioma que no dominaba había sido una experiencia reveladora. Había abrazado la incomodidad y había vuelto más seguro y con más confianza, sentía que podía hacer cualquier cosa. Me encontré con obstáculos como un vuelo cancelado, una partida hacia Düsseldorf sin billete de vuelta y una maleta perdida en Valencia. Después de dos días de aeropuerto en aeropuerto, llegué a casa. No lo había dudado en ningún solo momento. Esa pequeña chispa prendió la mecha de otro viaje, y luego otro. Descubrí que viajar es una de mis grandes pasiones y me han llevado a conocer gente de todo tipo y aprender cosas muy diferentes.

Quise estudiar inglés para mejorar mi trabajo y acabé dejando mi trabajo para seguir viajando. Si me hubiera quedado en la zona de confort, este blog no existiría. Hay que hacer, es la única manera de descubrirse. Es la única forma de prosperar. Tu mente te dirá que aún no estás preparado, que antes de hacer cualquier actividad, sea gratuita o de pago, necesitarás más información. Es una trampa psicológica. Nunca estaremos lo suficientemente preparados para hacer algo, porque cada nuevo día tenemos más experiencia que el anterior. El miedo te hará retrasar la toma de decisiones y, si le haces caso demasiadas veces, el tiempo pasará y tu situación no cambiará y, un día, mirarás hacia atrás y dirás: «ya es demasiado tarde».

No dejes que el tiempo pase ante tus ojos, la vida no es algo que sucede, la vida es algo que construimos. Cada uno de nuestros pasos nos lleva en una dirección, a veces puede parecernos incorrecta, pero con el tiempo entenderás el gran peso que tuvo aquella decisión. No te detengas, haz. La mayoría de pasos en falso se dan por quedarse quieto. Toma la responsabilidad de coger las riendas de tu vida. Ten el compromiso de superar tus miedos y entregarte a tus pasiones. Muestra tu luz a los demás, enséñate a ti mismo lo grande que puedes llegar a ser. No tengas miedo a fracasar, no tengas miedo a tomar tus propias decisiones. Tienes el poder de la decisión, eso nadie podrá hacerlo por ti. Si te dices que no puedes, no podrás, si te dices que puedes, lo lograrás; porque los límites, así como los miedos, suelen ser una ilusión. ¿Te atreverás?